Por: Nancy Cárdenas
>> El 17 de agosto se conmemoró el Día Internacional del Peatón
Las personas que transitan a pie todos los días en la vía pública son el eslabón más vulnerable en la pirámide de movilidad en cuanto a seguridad vial, seguidas de los ciclistas.
Esta fecha quedó marcada en el calendario de las naciones a raíz de la primera víctima mortal por atropellamiento de un vehículo automotor: Bridget Driscoll, una ciudadana londinense, en 1897. Aquel hecho fue un síntoma de la modernidad.
Desde entonces, los medios de transporte, tanto públicos como privados, han evolucionado hasta un punto que solo la ciencia ficción era capaz de imaginar: la construcción de un automóvil autónomo, cuyo objetivo, entre otros, es aumentar la seguridad vial.
Asimismo, han irrumpido los vehículos de micro movilidad—bicicletas eléctricas, scooters y moto bicis—, cuya popularidad creció rápidamente. Ahora proliferan por toda la ciudad, tanto que, hace unos días, el Congreso local modificó la Ley de Movilidad de la Ciudad de México en lo concerniente a este tema. Así, se incorporó a los vehículos fuera de regla en una nueva categoría de transporte motorizado personal, lo que implicará su emplacamiento y la expedición de licencias de conducir para sus propietarios.
De acuerdo con datos del INEGI, alrededor del 30 % de los viajes diarios en zonas urbanas se realizan a pie. Las cifras señalan que la segunda causa con mayor número de víctimas mortales en accidentes viales corresponde a peatones. Tan solo en 2003, el INEGI registró más de tres mil muertes de peatones por esta causa.
Como puede notarse, las pérdidas humanas derivadas de este problema se han convertido en un asunto de salud pública y de justicia social.
En consecuencia, los gobiernos estatales y locales deberían tomar el tema con mayor seriedad, ya que las finanzas públicas se ven afectadas por el costo de la atención médica de las víctimas mortales y sobrevivientes, muchas de las cuales resultan con traumatismos severos o algún tipo de discapacidad. A esto se suma la pérdida de personas en edad económicamente activa, lo que repercute en el Producto Interno Bruto (PIB).
Por tanto, sería deseable que nuestros gobernantes aplicaran el presupuesto público con visión de futuro y verdadero sentido de servicio, e incluso —¿por qué no? — por amor al prójimo, bajo la premisa de que México atraviesa un proceso de envejecimiento poblacional.
De no actuar con prontitud, los gobiernos estarían llegando tarde a los efectos de dicho cambio demográfico, con todas sus implicaciones. Así, el próximo presupuesto de 2026 debiera contemplar partidas específicas para el mejoramiento de los espacios peatonales.
Las cifras oficiales muestran que, dentro de la población adulta mayor, el grupo más numeroso es el de 60 a 69 años; de ellos, el 33 % se mantiene económicamente activo.
Por ello, resulta urgente armonizar los espacios destinados a los peatones, no solo para desplazarse, sino también para caminar con fines de recreación y ejercicio. Los ciudadanos deseamos banquetas seguras, bien iluminadas, libres de obstáculos y limpias de basura.
Con este tipo de obra pública, los gobiernos harían mucho en favor de la justicia social, término tan utilizado en la retórica política. Una banqueta segura también dignifica al ciudadano.
¿Qué opina usted, querido lector? Lo leo en los comentarios.
Por cierto, adelanto una felicitación a todos los abuelitos que serán festejados este 28 de agosto.


