En el centro de la Ciudad de México, muy cerca del Templo Mayor y a unos pasos del lugar donde se encontró con Moctezuma, reposa Cortés. Después de una serie de peripecias, sus huesos llegaron a un nicho en la iglesia de Jesús. El extremeño murió lejos del lugar donde venció a los mexicas y, por un tiempo, sus restos permanecieron ocultos ante la amenaza de ser destruidos por una bola de fanáticos.
En medio de escándalos de todo tipo, los integrantes de esa secta llamada Morena recurrieron a un viejo truco: sacar un distractor y llevar la discusión pública lejos de los temas que le hacen daño a su cada vez más menguada narrativa de honestidad.
A López Obrador, descendiente de un cántabro, le encantaba culpar a los españoles de todo tipo de males. Ahora, los seguidores del mesías de Macuspana concentraron su odio en el famoso extremeño que conocemos como Hernán Cortés y quien, de no ser ayudado por los tlaxcaltecas, hubiera terminado convertido en pozole.
Las cosas van de mal en peor: la economía decreció en el primer trimestre del año, la inflación no cede, la informalidad avanza, la inversión pública y privada no evoluciona de manera correcta y empresarios y empresariaspierden la confianza en el futuro del país. Todo en medio de un clima de inseguridad que demuestra el INEGI en la última versión de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana.
Mientras el país se cae a pedazos y esperamos el mundial, nos tenemos que chutar los discursos de un grupo de maníacos depresivos que se quejan por acontecimientos sucedidos hace centurias y que, de manera esquizofrénica, se asumen como lo que no son.
Legisladores, políticos y paleros del régimen compiten en adjetivos que intentan denostar al coqueto amante de doña Marina. Con poco conocimiento y mucho ánimo de polarizar, los vemos hacer malabares históricos para sustentar su anacrónica postura.
Conozco a varios de los iracundos personajes: todos con apellido europeo, parlantes del castellano, gustosos del tinto y el whiskey, amantes del arte de Cuchares; algunos con vehículos suecos y de fe cristiana. No faltan los barbados ni tampoco los seguidores del Real Madrid. Claro, hoy repiten que fuimos conquistados y que los españoles, o sea, sus antepasados, eran unos barbajanes e indeseables.
Estos tipos son los mismos que votaron la disminución de presupuesto para las instituciones encargadas de la protección de la cultura de los pueblos originarios y el desarrollo de infraestructura en sus territorios. Con su aplauso, convalidaron la destrucción de la selva y las zonas arqueológicas de la península para la construcción de las vías y estaciones del inútil Tren Maya. Son los mismos que,por su inacción, tienen sumidas en la violencia a cientos de comunidades indígenas.
Una izquierda moderna se preocupa por el bienestar y desarrollo integral. Morena no lo es y, por ello, se dedica a la alquimia y la hechicería.

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