29 de agosto de 2026

Dossier de Prensa

Libertad Informativa

La tragedia de Nepal exige que los compromisos climáticos deben convertirse en acción

La devastación ocurrida en Nepal y la región del Himalaya nos confronta con una realidad que el mundo no puede continuar tratando como una amenaza distante. Este 26 de agosto, el colapso de la parte inferior de un glaciar en el Himalaya desencadenó una gigantesca avalancha de hielo, roca y escombros y posteriores inundaciones repentinas en la frontera entre Nepal y el Tíbet. Al 27 de agosto, las autoridades reportaban al menos 359 personas fallecidas y cerca de mil desaparecidas.

La ciencia lleva años advirtiéndolo: el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) concluyó que las actividades humanas han causado el calentamiento global y que, durante la última década, la mortalidad provocada por inundaciones, sequías y tormentas fue 15 veces mayor en las regiones altamente vulnerables que en aquellas con muy baja vulnerabilidad.

Por ello, el Acuerdo de París estableció el compromiso de mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C, con respecto de los niveles preindustriales y realizar esfuerzos para limitarlo a 1.5 °C. Su cumplimiento implica, por tanto, reducir efectivamente las emisiones de gases de efecto invernadero; acelerar la transición energética; proteger y restaurar ecosistemas; fortalecer las capacidades de adaptación y garantizar que las políticas económicas, energéticas, territoriales y presupuestarias sean congruentes con los compromisos climáticos asumidos internacionalmente.

Organismos como el IMCO y la COFECE advierten que el país no alcanzó la meta de producir 35% de su electricidad con energías limpias y, en tanto, México pierde alrededor de 204 mil hectáreas anuales de bosque por deforestación y más de 846 mil por incendios forestales, según la propia SEMARNAT. La inversión privada en energías renovables se ha visto frenada por las políticas gubernamentales, por lo que el 90.1% de la energía sigue siendo de origen fósil, con lo cual, México es el principal emisor de gases de efecto invernadero en América Latina, contribuyendo con el 1.25% a nivel global.

Diversos análisis, muestran que mientras México destina 15 veces más fondos públicos a la infraestructura de hidrocarburos, el presupuesto ambiental se desploma a su nivel más bajo en dos décadas, dejando a las áreas protegidas con apenas 15 pesos por hectárea; además de que, en los últimos dos años, a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales  Semarnat)del Gobierno federal le fueron recortados presupuestalmente de más de 45 mil millones de pesos, condenando al fracaso las metas climáticas del país.

Por ello, exigimos a la comunidad internacional y, particularmente al Gobierno de México cumplir sus compromisos internacionales y garantizar que sus políticas energética, ambiental, territorial, industrial y presupuestaria sean congruentes con sus metas de mitigación y adaptación. Exigimos que las políticas internas atiendan los compromisos internacionales con los recursos necesarios y suficientes porque una política pública sin presupuesto son solo buenos deseos.

Porque cada décima de grado importa. Cada compromiso incumplido tiene consecuencias. Y cada año perdido reduce nuestras posibilidades de proteger vidas.