Cuando era alcaldesa de Iztapalapa, casi nadie hacia ronda con ella, pues consideraban que sus habilidades como gobernante eran muy chicas para la demarcación más grande de la capital: la peor gobernada de la CDMX, según todas las encuestas.
En los informes de los jefes de Gobierno con los que coincidió, era una más; sólo algunos despistados hacían ronda con ella, ya que era considerada chiquita.
Por eso cuando anunció que buscaría la Jefatura de Gobierno nadie la tomó en serio, pues ni modo que los capitalinos aspiraran a vivir como en Iztapalapa. Lucía sola y quizá por ello Clara Brugada quiere hacer de cada evento un mitin para sentirse reconocida.
El ejemplo más reciente fue su Segundo Informe, donde le armaron una romería mientras caminaba hacia el Palacio de Donceles. Porras, selfies y hasta performances a su paso, como si fuera monarca.
No importaba llegar tarde al Congreso, al fin y al cabo la impuntualidad es una costumbre muy arraigada en ella, y de todos modos la tenían que esperar, pues era la muñeca del pastel y no podían hacer la fiesta sin ella.
Si bien los acarreos se practican desde la prehistoria, y todo jefe se beneficia de ellos, ninguno se mimetizó a ese grado, pues quizá no tenían la necesidad del reconocimiento, que en el caso de Clara ha sido una de sus mayores carencias.
Y es que la primera vez fue jefa delegacional porque Andrés Manuel López Obrador impuso a Rafael Acosta Juanito, quien después fue obligado por Marcelo Ebrard a renunciar para dejarle la silla a ella; las otras veces ha sido también por imposición del tabasqueño.
Como que Brugada necesitaba gritar a los cuatro vientos que ya no es la doñita de Iztapalapa, sino la jefa de la ciudad, y todos los asistentes tenían la obligación de alabarla; así ocurrió en el evento.
Todo eso opacó lo que fue un informe sin sustancia, basado más en cosas que sólo pasan en la imaginación de su equipo, pero que la mayoría de los capitalinos no ve. Tan es así, que la nota fueron dos promesas, como tantas que ha hecho: crear una universidad y… ¡un banco!
¿Si como alcaldesa nadie la pelaba y era de las más grises, muchos se preguntan por qué entonces fue la elegida por Morena para contender por la Jefatura de Gobierno?
La eligieron porque siempre fue dócil y manejable, pero el tema es que hoy ni se deja manejar ni se maneja a sí misma; está en el limbo. Varios la quieren tripular, como Martí Batres, quien se siente su creador, pero ya no está en su gracia.
Ella se recarga en los pocos suyos como Raúl Basulto, a quien ubicó en la Secretaría de Obras para brindar contratos a los amigos que la apoyaron desde Iztapalapa, y que le ayudan a formar la bolsa para lo que venga.
Como gobernante, la doñita es tan mala como lo fue su padrino Andrés Manuel. Igual que él, crea obras faraónicas, como el Parque Elevado de San Antonio Abad, que sirve para dos cosas, y la desierta ciclovía de Tlalpan, que sólo taponeó la de por sí complicada vía.
Mientras los recursos de la capital son drenados a esas ocurrencias, miles de capitalinos siguen dejando a diario varias horas de su vida en el tráfico, porque es imposible circular a toda hora.
CENTAVITOS
Algo que abona a las fallas de Clara es la nula coordinación de sus áreas de gobierno y la falta de atención a los asuntos relevantes. No hay ninguna evaluación de sus ocurrencias y todo lo recarga en Basulto, que más que secretario parece dama de compañía; está con ella en más eventos que su secretario de Gobierno.

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