El ejercicio del poder público sólo adquiere sentido y grandeza cuando se pone al servicio de las causas colectivas y del bienestar de la gente, y no cuando se utiliza para satisfacer privilegios, acumular cargos o saldar compromisos en la oscuridad, así lo afirmó Esthela Damián Peralta
Al respecto , llamó a una profunda reflexión sobre la ética pública en la vida política del país.
Advirtió que el principal desafío en la función pública sigue siendo evitar que la búsqueda del poder se transforme en una obsesión personal que desdibuje los principios y la probidad.
«La representación popular se desnaturaliza cuando hay personajes que se consideran propietarios de los cargos públicos, que negocian candidaturas y condicionan nombramientos. Quienes creen conquistar el poder mediante acuerdos en la sombra terminan siendo prisioneros de sus propias ambiciones y dependientes de intereses particulares. México necesita representantes libres de compromisos inconfesables, capaces de tomar decisiones sin subordinaciones», enfatizó Damián Peralta.
Esthela Damián se refirió a la reciente renuncia de la presidenta del Instituto Nacional Electoral (INE), Guadalupe Taddei, en medio de señalamientos públicos por posibles conflictos de interés e irregularidades en contrataciones, señalando que, más allá de las responsabilidades jurídicas que determinen las autoridades competentes, el caso obliga a reflexionar sobre el daño que la opacidad causa a la confianza de la sociedad.
«Las instituciones democráticas no solamente necesitan actuar conforme a la ley, también requieren preservar su legitimidad frente a la sociedad. La confianza pública se construye durante años mediante decisiones transparentes y conductas congruentes, pero puede deteriorarse rápidamente cuando los intereses particulares adquieren mayor relevancia que las obligaciones institucionales», puntualizó.
Finalmente, Damián Peralta subrayó que la inmensa mayoría del pueblo de México está integrada por mujeres y hombres honestos cuyos valores de probidad y solidaridad deben reflejarse directamente en la conducta de sus gobernantes.
«No basta con construir instituciones ni multiplicar mecanismos de vigilancia si quienes ejercen el poder carecen de la convicción de actuar correctamente. La verdadera grandeza de quien ejerce el poder no consiste en cuánto logra acumular ni en cuánto tiempo consigue conservarlo, sino en lo que es capaz de transformar para beneficio de los demás», concluyó.

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