Hace unos días, una connotada integrante de esa secta denominada Morena, que igual arremete contra España que contra aquellos que osan tener más de un par de zapatos, planteó subir a la picota a quienes financiaron un peligroso libro de carácter jurídico.
Eso de censurar libros o achicharrarlos no es cosa nueva y mucho menos idea de Morena. De hecho, pocas cosas se les ocurren a nuestros aprendices de fachos bananeros. Hay una larga lista de atentados contra ese peligroso objeto llamado libro. Los pirómanos no discriminan, e igual la agarran contra textos de San Carlos Marx que contra los inspirados por el Dios de Abraham.
Para quienes se escandalizan por el Manifiesto del Partido Comunista y no les molestaría que sus ejemplares nuevos o usados fueran llevados a los 451 grados Fahrenheit, les comento que, en eso de censurar y poner fuego a los libros, se acumula una buena lista de ellos. Van varios ejemplos: la Biblia, el Corán, Las aventuras de Tom Sawyer, La isla del tesoro, Utopía, Las aventuras de Huckleberry Finn y, por supuesto, Uncle Tom’s Cabin.
Resulta que a los morenistas les molestó un libro denominado La inconstitucionalidad de la sobrerrepresentación excesiva en el Congreso de la Unión. Ni tardos ni perezosos, criticaron a quienes lo publicaron: la Universidad Nacional Autónoma de México y, en particular, el Instituto de Investigaciones Jurídicas. Quieren saber el costo de la impresión y otras necedades.
El libro se compone de textos donde se discute, desde la perspectiva jurídico-electoral, la representación en las Cámaras de Diputados y Senadores, la misma que en la composición actual es desproporcionada e injusta para los electores. Entre los expertos que participaron en la edición se encuentran María Marvan Laborde, Jorge Alcocer, Diego Valadés, Jesús Orozco Henríquez, José Woldenberg, Morelos Canseco y Jacqueline Peschard.
La lectura de la obra es indispensable ahora que Morena quiere dar el último asalto a la joven democracia mexicana. Conozco a varios de los expertos que firman los textos y sé de su honestidad intelectual y su capacidad académica. Algunos de ellos, además, son reconocidos luchadores por la democracia, y su esfuerzo fue fundamental para consolidar la transición democrática.
No creo que los morenistas hayan dado lectura al texto; para la mayoría de ellos, esa práctica no es común. Sin embargo, alguien descubrió dos nombres que los pusieron como Drácula cuando amaneció fuera del catafalco. Lorenzo Córdova y Ciro Murayama son dos buenos mexicanos. Me he quejado de resoluciones que no me han gustado, pero nunca los he visto votar disparates y mucho menos rendirse ante el poder.
Felicito a la UNAM, al Instituto de Investigaciones Jurídicas y a todos los que participaron en el texto, en especial a Lorenzo y Ciro, por ser leales a su vocación democrática y académica.

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