26 de marzo de 2026

Dossier de Prensa

Libertad Informativa

Habermas y el Plan B/Rubén Moreira/Artículo

Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, Jürgen Habermas tenía 16 años. Educado como protestante, su abuelo era director de un seminario, su padre miembro del Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei. La guerra y, al parecer, un defecto físico lo marcaron y sembraron en él la desconfianza por el poder irracional y absoluto, mientras lo llevaron también a convencerse de la importancia de la democracia y la comunicación como sostén de la misma.

Para el teórico, muerto hace unos pocos días, la legitimidad de las decisiones públicas y de las leyes proviene de los argumentos, la calidad del diálogo, de las razones expuestas, y no de la mayoría de votos. Incluso varias de sus frases resumen su aversión a la forma irracional con la cual se deciden temas trascendentales: “El populismo tiende a sustituir la argumentación racional por apelaciones emocionales que debilitan la esfera pública” y “la legitimidad de las decisiones políticas depende de la calidad de los procesos de formación de la opinión y la voluntad”.

Al Senado llegó el Plan B, como se conoce a una perversa iniciativa electoral que pretende cambiar temas torales en los próximos comicios. El texto aspira a ser una alternativa a un pasado intento de reforma que terminó fallido. En ambos casos, la iniciativa llegó sin el consenso de la oposición o los expertos en la materia. Incluso, los partidos aliados no acompañaron el primer documento y todo indica que el Partido del Trabajo tiene serias reservas sobre el segundo.

La marca de la casa es polarizar y no atender razones. Morena y el régimen se distinguen por no aceptar un razonable debate de las ideas. Es común encontrar propuestas sustentadas en falsas ideas o prejuicios, que son defendidas con falacias que se repiten de manera mecánica y que no pocas veces aluden a una pretendida fuerza moral del líder del movimiento.

La aprobación de muchas de las leyes que salen de las cámaras demuestra lo anterior. Las hay llenas de contradicciones y de errores de todo tipo, hasta gramaticales. El parlamento mexicano abdicó de su capacidad de debate, reflexión y crítica. En los tiempos de Morena, la dialéctica legislativa es inexistente. A lo anterior hay que agregar la maquinación que permitió al oficialismo quedarse con curules que no le correspondían y llegar a una mayoría que en los tiempos modernos del país no se conocía.

Ni en la sociedad ni en el legislativo se da la oportunidad de una comunicación eficaz que permita tener leyes y políticas públicas con legitimidad. Estamos próximos a la dictadura de un solo partido y al reino de la ignorancia, donde además se presumen con orgullo la mediocridad y la falta de calidad.

Habermas pertenece a la segunda escuela de Frankfurt, mientras que la pandilla que nos gobierna pertenece a la primera, la de Stalin.