El turismo religioso en México representa mucho más que movilidad de visitantes: es una expresión viva de identidad, patrimonio y cohesión social que también se traduce en desarrollo económico para las comunidades, las empresas familiares y los sectores productivos vinculados al comercio, los servicios y el turismo. En ese contexto, CONCANACO SERVYTUR reconoce este segmento como una palanca estratégica para fortalecer la economía local y ampliar las oportunidades de prosperidad compartida en el país.
De acuerdo con la información disponible, en México alrededor de 40 millones de personas participan anualmente en peregrinaciones hacia los principales santuarios nacionales, mientras que el turismo religioso genera una derrama económica superior a los 25 mil millones de pesos al año. Tan solo en la Ciudad de México, durante la primera mitad de diciembre, las visitas a la Basílica de Guadalupe generan aproximadamente 2 mil millones de pesos.
Este comportamiento confirma que el turismo religioso no solo convoca a millones de personas por motivos de fe y tradición, sino que también activa cadenas de valor completas en hospedaje, alimentos, transporte, comercio local, artesanías y prestación de servicios. Su impacto se refleja de manera directa en miles de micro, pequeñas y medianas empresas, así como en negocios familiares que encuentran en estas temporadas una oportunidad real de crecimiento económico.
México posee una posición privilegiada en esta materia. La Basílica de Guadalupe, por ejemplo, recibe alrededor de 20 millones de visitantes al año, lo que la convierte en el recinto religioso más visitado del mundo. A ello se suma una amplia red de patrimonio religioso y cultural integrada por 84 catedrales y 196 iglesias, conventos y ex conventos históricos, además de santuarios emblemáticos distribuidos a lo largo del territorio nacional.
Para CONCANACO SERVYTUR, este potencial debe entenderse desde un marco de nación: cuando se fortalece el turismo religioso, se fortalece también el tejido comunitario; cuando se activan los santuarios y rutas de fe, se activa la economía de barrios, municipios, Pueblos Mágicos y ciudades patrimoniales; y cuando se reconoce el valor de nuestras tradiciones, se protege también el ingreso de quienes viven del comercio, los servicios y el turismo. Ese es el sentido del desarrollo con identidad: crecer sin perder lo que somos.
El presidente de CONCANACO SERVYTUR, Octavio de la Torre, subrayó que “el turismo religioso es una expresión profunda de la identidad de México, pero también una actividad con enorme capacidad para generar bienestar económico en las comunidades. Cada peregrinación, cada visita a nuestros santuarios y cada ruta de fe representa consumo local, empleos y oportunidades para empresas y negocios familiares que sostienen la economía desde lo local”.
Añadió que “México tiene en su patrimonio espiritual, cultural y arquitectónico una de sus mayores fortalezas. Impulsar el turismo religioso con visión estratégica significa respaldar a quienes producen, venden, hospedan, transportan y ofrecen servicios en torno a esta actividad. Hablar de turismo religioso también es hablar de inclusión económica, arraigo comunitario y desarrollo regional”.
En un entorno donde el PIB turístico alcanzó una participación del 8.7% del PIB nacional en 2025, y donde para Semana Santa 2026 se proyecta una derrama superior a los 300 mil millones de pesos a nivel nacional, el turismo religioso se consolida como uno de los segmentos con mayor capacidad de articulación territorial y beneficio social. Su impacto trasciende los recintos de culto y se extiende a mercados, fondas, hoteles, transportistas, guías, artesanos y prestadores de servicios en todo el país.
Asimismo, este segmento contribuye a fortalecer la imagen de México en el exterior, al atraer visitantes procedentes de países como Estados Unidos, Colombia, España, Brasil, Argentina, Filipinas, Italia y Bolivia, consolidando una oferta turística que combina espiritualidad, cultura, gastronomía, historia y hospitalidad.
CONCANACO SERVYTUR refrenda su compromiso con una agenda que impulse al turismo como instrumento de desarrollo, con especial atención a aquellos segmentos que, como el turismo religioso, conectan la vocación productiva de las regiones con el patrimonio cultural de la nación. Fortalecer este sector es fortalecer a México desde sus comunidades, sus tradiciones y su economía real.

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