7 de abril de 2026

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Libertad Informativa

Iztapalapa vive un Viernes Santo histórico: fe, identidad y reconocimiento mundial en el Cerro de la Estrella

Ciudad de México.– La fe volvió a desbordar las calles de Iztapalapa. Más de 2 millones de personas se congregaron este Viernes Santo para presenciar la 183 Representación de la Pasión de Cristo, en una edición que marcó un momento histórico al ser la primera realizada tras su reconocimiento como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

Desde tempranas horas, la alcaldía se transformó en un espacio de encuentro multitudinario donde fieles, visitantes y turistas ocuparon cada rincón del recorrido hacia el Cerro de la Estrella, convertido una vez más en el gran escenario simbólico de una tradición que ha logrado mantenerse viva por más de 180 años.

El peso histórico de esta edición no radica únicamente en la magnitud de la asistencia, sino en el nuevo estatus internacional de la representación. En diciembre de 2025, durante su sesión en Nueva Delhi, la UNESCO incorporó esta práctica a su lista de patrimonio cultural inmaterial, reconociendo su valor como una expresión que articula comunidad, memoria y transmisión de valores.

Lejos de ser solo una escenificación religiosa, la Pasión de Cristo en Iztapalapa se sostiene sobre una compleja organización comunitaria. Habitantes de los ocho barrios tradicionales participan activamente en cada etapa del proceso, convirtiendo el evento en un ejercicio colectivo que refuerza la identidad territorial y la cohesión social.

Durante la Semana Santa, el espacio público adquiere un significado distinto. Calles, plazas y cerros dejan de ser únicamente infraestructura urbana para convertirse en parte de un paisaje ritual donde la historia, la fe y la vida comunitaria se entrelazan. El Cerro de la Estrella, en particular, se erige como el punto culminante de una representación que trasciende lo escénico para instalarse en lo simbólico.

Esta tradición, que se realiza de manera ininterrumpida desde 1843, ha evolucionado sin perder su esencia. Con el paso del tiempo, ha dejado de ser un evento estrictamente local para posicionarse como uno de los referentes más importantes del turismo religioso a nivel internacional, destacando por su carácter comunitario frente a otras celebraciones de gran escala en el mundo.

El reconocimiento de la UNESCO refuerza precisamente ese rasgo distintivo: no solo se trata de una manifestación de fe, sino de un patrimonio vivo que promueve la cohesión social, la participación ciudadana y la continuidad de prácticas culturales entre generaciones.

La dimensión del evento también implicó un amplio despliegue institucional. Más de 9 mil elementos de seguridad, apoyados por unidades terrestres y aéreas, resguardaron a los asistentes durante la jornada, que concluyó sin incidentes mayores.

Así, Iztapalapa no solo reafirmó su tradición, sino que la proyectó al mundo: una representación que, más allá de su carácter religioso, se consolida como un símbolo de identidad colectiva y de la fuerza cultural de sus comunidades.