Caminar con dignidad por las calles de la ciudad, además de ser un deseo aspiracional, debiera ser una política pública de largo plazo que los gobiernos, tanto de la Ciudad de México como de las dieciséis alcaldías, implementen y plasmen a partir del próximo Presupuesto de Egresos de la Ciudad de México, el cual será discutido y aprobado por el Congreso local en el mes de diciembre.
¿Por qué la preocupación de caminar con dignidad? Primeramente, la movilidad en condiciones de seguridad vial, accesibilidad, eficiencia, sostenibilidad, calidad, inclusión e igualdad ya es un derecho reconocido en la Constitución Mexicana, en su artículo 4, y en el artículo 13 de la Constitución de la Ciudad de México, respectivamente. Sin embargo, lo que experimentamos los peatones cuando hacemos uso de la vía pública es enfrentarnos a un entorno hostil: caminamos sobre banquetas rotas, angostas o discontinuas; rampas inexistentes; cruces inseguros y tiempos semafóricos insuficientes.
Aun si la persona usa automóvil particular, es altamente probable que su trayecto lo inicie y termine a pie.
Caminar es el medio de transporte que eligen las personas para trasladarse a su destino, ya sea de trabajo, escolar, de atención médica, para hacerse de los satisfactores primordiales, visitar a familiares y amigos, etcétera. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y el Instituto de Ingeniería de la UNAM, dos terceras partes de la población eligen caminar como su principal modo de transporte y más de 11 millones de viajes diarios se realizan exclusivamente a pie [tomado de 7 claves para hacer a México más amigable para los peatones].
Además, es importante subrayar que la movilidad peatonal, en muchos de los casos, es la opción recurrente de las personas por su vulnerabilidad económica, más que por la conciencia del bienestar de su salud física y mental o del cuidado del medio ambiente.
Si en este momento percibimos un entorno urbano poco amigable al peatón, entonces debemos encender las alertas ante la transición demográfica del país y, en particular, de la Ciudad de México, dado que el envejecimiento de la población se está dando de manera acelerada, ya que las proyecciones que hacen las instituciones competentes prevén que, para el año 2050, la población adulta mayor de 60 años y más será superior al estrato de niños menores de 12 años; la Ciudad de México ya está en esa fase desde el año 2019.
Hoy, más que nunca, los ciudadanos deberíamos exhortar a nuestras autoridades a que, en la planeación de sus programas de gobierno y en el próximo Presupuesto Público 2027, haya una visión de largo plazo y transversal que prepare a la ciudad para atender a una sociedad que vive más y necesita vivir mejor.
Esta realidad exige una nueva forma de planear nuestras ciudades.
Los ciudadanos debemos ser proactivos; levantemos la voz para llamar la atención de quienes toman las decisiones de en qué y cómo ejercer el presupuesto público, para que, en el ejercicio de sus responsabilidades, busquen la justicia urbana de la población en su conjunto.
Es por eso que presentaré en el Congreso de la Ciudad de México, este 14 de agosto, una proposición con Punto de Acuerdo para solicitar que las autoridades apliquen mayor presupuesto a infraestructura peatonal y una perspectiva de adaptación demográfica en el próximo Presupuesto de Egresos que responda al acelerado proceso de envejecimiento de la población de la Ciudad de México.
Este ejercicio de participación política que abre la oportunidad a que se escuche la voz de mujeres de diferentes puntos de la Ciudad desde este importante recinto legislativo es gracias al proyecto de formación política y liderazgo denominado “Escuela para Mujeres que Caminan el Territorio”, encabezado por la diputada local Juana María Juárez.
Juntas viviremos por un día, el privilegio de usar la tribuna para dar a conocer que en la ciudad hay mucho por hacer y que el punto de vista del ciudadano debe ser la directriz del ejercicio del poder público.

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