En la Cámara de Diputados he conocido a grandes legisladores, dueños de conocimientos y experiencia que, en el debate parlamentario, se manifiestan o que son fundamentales para la construcción de normas o dictámenes. Los he visto en todos los partidos, aclaro, en unos más que en otros. La destrucción de Morena ha tocado las puertas del Congreso y es evidente el daño que causa a la institución.
La destreza de Beatriz Paredes es legendaria y, entre las curules, los asesores de mayor carrera cuentan mil historias sobre ella; algo parecido sucede con potentes oradores como Porfirio Muñoz Ledo, Jorge Alcocer Villanueva, Juventino V. Castro, César Augusto Santiago, Salvador Rocha, Enrique Ibarra o Augusto Gómez Villanueva. En las redes permanecen sus discursos y de vez en cuando los coloco en mi dispositivo telefónico para rendir tributo a su inteligencia y tomar nota para futuros debates.
Con Morena en el poder, y después de que, usando malas prácticas, se quedó de manera irregular con el control del Congreso, es evidente el deterioro de las funciones legislativas y de control que por ley le corresponden al Parlamento.
El rezago se acumula en los escritorios de los presidentes de las comisiones dictaminadoras y la mayoría impide que se convoque a los funcionarios federales a rendir cuentas. En los años de la transición no hay antecedente de una situación de este nivel de cerrazón.
A lo anterior hay que sumar la incapacidad e inexperiencia de una gran cantidad de legisladores del grupo mayoritario que llegaron por componendas políticas o por el azar de las famosas tómbolas. Su llegada fue posible por la operación de Estado que encabezó López Obrador y no por la popularidad.
En el mar de caos e ignorancia que se vive en los debates y trabajos de la Cámara de Diputados, hay voces libres e informadas. Una de ellas, la del guanajuatense Éctor Jaime Ramírez Barba, un médico cirujano y académico formado en la prestigiosa universidad de su estado.
El legislador es parte de la bancada de Acción Nacional y se distingue no solo por su conocimiento en temas de salud, sino, además, por su oratoria atinada y reflexiva. Su presencia en la tribuna siempre deja conocimiento y un reto intelectual. Para los de la mayoría significa, por lo general, una derrota en su afán de construir narrativas falaces.
Crónicas de salud y política, desde la curul 083, es el más reciente libro de Ramírez Barba. Editado bajo el sello de la Fundación Rafael Preciado Hernández, A.C., es una compilación de columnas aparecidas en El Economista y en el Periódico AM. Tengo un ejemplar en mis manos y lo recomiendo como una lectura imprescindible para entender la situación que vive el país. Cada artículo es un estudio bien documentado sobre la materia y una exigencia, en ocasiones expresa y en otras tácita, para que se cambie el rumbo y se detenga la destrucción de las instituciones médicas.
Éctor es un buen mexicano y un escritor generoso y necesario para el debate público.

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