26 de abril de 2026

Dossier de Prensa

Libertad Informativa

Instalan investigadoras del IPN estaciones para monitorear sargazo en Quintana Roo

>> Colocan la cuarta estación de sensores para tener un sistema de alerta temprana que mide niveles de amoniaco y ácido sulfhídrico, con el fin de prevenir y cuidar la salud de la población

>> Los efectos de los gases que genera la descomposición de dicha alga fueron documentados en encuestas a habitantes y trabajadores de zonas costeras

El Instituto Politécnico Nacional (IPN) avanza en la instalación de estaciones de monitoreo del sargazo en el Caribe mexicano, con el fin de medir los gases que genera la descomposición del alga y reducir sus efectos en la salud de la población expuesta, informó la especialista del Centro Interdisciplinario de Investigaciones y Estudios sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CIIEMAD), la doctora Norma Patricia Muñoz Sevilla.

Recientemente, confirmó, se concretó la instalación del cuarto sensor –ubicado en Playa del Carmen- por lo que se fortalece la red de estaciones en puntos críticos de arribo del sargazo que se complementa en Cancún (Punta Nizuc), Akumal y Mahahual, lo cual representa un avance estratégico.

Estas acciones caminan en sintonía con la política ambiental y de prevención de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y el secretario de Educación Pública, Mario Delgado.

Uno de los principales objetivos de la red de monitoreo, dijo la doctora Muñoz Sevilla, es contar con un sistema de alerta temprana que informe oportunamente a autoridades y población sobre niveles de riesgo en playas, además de facilitar decisiones como restringir el acceso a zonas con alta concentración de gases para proteger la salud.

El modelo de monitoreo –detalló la doctora Muñoz Sevilla- ya opera con éxito en la Isla de

Martinica (perteneciente a Francia y ubicada en el este del mar Caribe), a través del Laboratorio de Madininair, como un sistema integral de vigilancia y alerta temprana que informa diariamente sobre las condiciones de las playas, demostrando que la información oportuna reduce riesgos a la salud y mejora la toma de decisiones individuales y gubernamentales.

La doctora del CIIEMAD detalló que los efectos de los gases fueron documentados en encuestas a habitantes y trabajadores de zonas costeras, quienes reportaron dolores de cabeza, mareos y desvanecimientos por su inhalación.

“La exposición prolongada puede representar un riesgo mayor, especialmente en niños, adultos mayores y personas con condiciones respiratorias preexistentes, lo que subraya la urgencia de contar con mecanismos de monitoreo y prevención”, puntualizó la científica.

La doctora Muñoz Sevilla recordó que el sargazo suele arribar al Caribe mexicano en marzo. Sin embargo, su llegada desde enero en 2026 hace prever que este año se superen los 37 millones de toneladas registradas en 2025.

La investigadora del CIIEMAD destacó que este comportamiento anticipado, ligado al cambio climático, al aumento de nutrientes en el océano y la consolidación del cinturón de sargazo en el Atlántico, ha generado un escenario complejo en Quintana Roo, por ello se han instalado las cuatro estaciones de monitoreo en puntos estratégicos de la entidad.

Contar con la medición de los niveles del amoniaco y ácido sulfhídrico generados por la descomposición del sargazo, refirió, repercute en el cuidado de la salud de las personas con mayor riesgo de exposición (sargaceros, personas de la tercera edad y en general los habitantes de zonas cercanas con mayor acumulación de la macroalga).

La investigadora del IPN precisó que el proyecto tiene antecedentes sólidos, ya que en el año de 2022 se evidenció la necesidad de generar información científica; posteriormente, en 2023 se llevó a cabo con apoyo internacional un estudio preliminar en 12 puntos de Quintana Roo, que permitió definir la ubicación óptima de las estaciones actuales.

Muñoz Sevilla alertó sobre los riesgos asociados al aprovechamiento del sargazo cuando contiene niveles elevados de arsénico. Se ha identificado que, si supera concentraciones seguras (alrededor de 40 partes por millón), su uso en productos o fertilizantes puede representar un peligro para humanos y animales. Por ello, enfatizó que su manejo debe priorizar alternativas seguras como la generación de biogás.