La corrupción, una constante en la caída de los imperios

La corrupción, una constante en la caída de los imperios

25 de enero de 2022 3 Por María Manuela de la Rosa Aguilar

Cuando se derrumba la moral, los principios que sustentan a la sociedad y los ideales que se persiguen, muchas veces llevan al triunfo a nuevos gobiernos.

El fracaso del liderazgo que defiende es paradigma de los valores y normas que son parte de la identidad de los pueblos, hace que se pierda la confianza del pueblo. El gobierno comienza su declive.

Otro de los aspectos es la concentración del poder y de la riqueza, porque no hay equilibrio, y un pueblo hambriento y desesperado es propicio para seguir a un nuevo líder que le ofrezca un cambio para su bienestar.

La buena administración de un gobierno proporciona estabilidad y cierto grado de bienestar a la gente, ahí está la clave para la consolidación de un régimen.

Cuando hay mecanismos de control que proporcionan ese equilibrio, donde ciudadanos locales tengan participación de la administración gubernamental, se genera una especie de certidumbre que asegura la continuidad del sistema.

Otra clave para la estabilidad es una buena infraestructura capaz de solventar las pequeñas y grandes crisis que surjan, porque la prosperidad no se puede asegurar aunque exista un buen gobierno que administre con equidad y justicia, porque se dan tiempos de malas cosechas, epidemias, incursiones extranjeras, etc.

Sin embargo, cuando hay un liderazgo fuerte, un buen gobierno, se mantienen los principios y la moral. Los pueblos pueden superar las adversidades.

Pero si el líder pierde la confianza por traicionar los principios, la moral e ignora el rol que le corresponde como guía de su pueblo, al surgir otro personaje que compita por el poder y logre convencer de su capacidad, el gobierno y hasta el sistema puede colapsar.

Igualmente, cuando la administración falla y hay corrupción, los equilibrios se pierden y el gobierno puede desmembrarse porque no se están cumpliendo los objetivos ni se respetan las normas, generando una concentración del poder político y económico.

Caso frecuente de este problema son los gobiernos autoritarios con dictadores a la cabeza, no líderes auténticos. Ahí tenemos por ejemplo a la antigua Unión Soviética y a muchos emperadores romanos que terminaron asesinados, con la consecuente revuelta popular.

En América Latina está el régimen de Somoza en Nicaragua y ahora con Daniel Ortega, un líder revolucionario que llegó con la promesa de un cambio hacia la democracia y ha terminado por ser uno de los más grandes dictadores que han sumido al pueblo en una gran crisis.

Venezuela con Hugo Chávez y ahora con Nicolás Maduro, que ha sumido al pueblo en la más grave crisis económica, en donde el pueblo muere de hambre, mientras él y su familia viven en la abundancia. En todos estos lugares no sólo se generaron desequilibrios por la concentración de poder, sino de la riqueza y lo que viene es una revuelta popular, y en cuanto surja un líder lo suficientemente carismático que atraiga la voluntad popular, caerán los gobiernos y un nuevo régimen surgirá.

Se dice que los imperios han colapsado debido a que en su momento fueron regímenes acabados, cuyo ciclo había terminado, ya sea por haber perdido la guerra, por la muerte de algún emperador, un golpe de Estado, etc. Pero lo cierto es que en todos hay factores comunes y éstos son los que señalamos anteriormente y la corrupción es la constante.

El imperio griego que se conoce desde 1200 a. de C., del cual todos somos herederos, comenzó con la caída de Troya y se prolongó hasta el año 146 a. de C., en donde el máximo exponente de su liderazgo se da con Alejandro Magno, que llegó a conquistar todo el mundo conocido, incluso Egipto. Llegó a su fin luego de la muerte de su líder, pero también por la corrupción, la mala administración y finalmente por la conquista romana.

En el año 410 comenzó la caída del imperio romano, según cuenta la Historia debido a la invasión de las tropas visigodas al mando de Alarico, que saquearon Roma; tiempo después, en el año 476, el general bárbaro Odoacro se apoderó del gobierno romano, destituyendo a Rómulo Augusto.

Los romanos, grandes estrategas y militares por antonomasia cuyas tácticas son estudiadas hoy día en todas las escuelas militares del mundo, tuvieron más de medio siglo para organizar una defensa, pero no sucedió así, porque la corrupción interna fue tal que la sociedad estaba desmembrada y el líder era una persona insignificante, sin fuerza ni calidad moral.

A la caída del imperio romano surgió el imperio bizantino, aunque tiene sus orígenes en la división del imperio romano en el 395 con la formación del imperio de oriente y perduró unos 1,000 años. Sin embargo, en 1261 se paralizó la economía y eso afectó el financiamiento de la guerra contra griegos, alogárabes de Aragón, pero sobre todo con los turcos, que lograron ¡dominar el imperio y surgir como la gran potencia de su tiempo.

Pero lo que realmente provocó esta caída fue la mala administración, la corrupción interna y la pérdida de la moral, factores que debilitaron el régimen, ya en decadencia, después de siglos de desgaste.

Vemos como al imperio otomano tuvo su mayor esplendor en entre el s. XVI y XVII, pero después de seis siglos, le llegó su turno en el siglo XIX, debido a traiciones entre los integrantes del sultanato, la lucha por el poder, que dividió siempre a los herederos, muchos de los cuales fueron asesinados, incluso por órdenes de sus progenitores.

Y no obstante, el imperio pudo mantenerse debido a una muy buena administración, así como por su política de tolerancia religiosa. Los desequilibrios generados por la excesiva concentración de la riqueza y el poder fueron el marco propicio para su decadencia, que ya venía generándose por la doble moral de sus líderes.

El imperio mongol, fundado por Gengis Kan en el año de 1206 que logró controlar toda Asia y hasta el Danubio, incluyendo China, Mesopotamia, Persia, Europa Oriental, India, Rusia, Polonia, Bulgaria, Lituania, Rumania, Hungría, etc., gobernando a unos cien millones de habitantes, llegó a su fin en 1368, debido a rivalidades entre los herederos, a la corrupción y a las luchas de poder, en donde se dieron infinidad de traiciones. Además, múltiples problemas en la administración del gobierno y las sublevaciones de los pueblos dominados.

Muchos imperios han surgido a lo largo de la Historia de la humanidad, todos ellos sucumbieron por la ambición de poder, por la corrupción, por la inmoralidad y por la ilegitimidad de sus líderes, quienes traicionaron sus ideales, se condujeron con una doble moral y al final, el pueblo se rebeló, surgió un nuevo liderazgo o bien, otra potencia los derrocó. Y esto ha sido, ayer y hoy, no dudamos que así sea el día de mañana.

Aquí tenemos al gran Imperio Mexicano, cuya historia hemos vivido, donde el pueblo puede decir la última palabra, porque las condiciones están dadas, no hay buena administración, la concentración del poder y de la riqueza son un hecho, las instituciones están fracturadas, la delincuencia goza de impunidad, el liderazgo no corresponde a los principios ni a los ideales. Un país con gran potencial y tantas riquezas, con una posición geoestratégica importante, es una gran tentación para cualquier potencia.

María Manuela de la Rosa Aguilar
María Manuela de la Rosa Aguilar

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