La política con causa

Redacción

Por: Nancy Cárdenas

En los tiempos recientes, la sociedad mexicana está experimentando cambios convulsos originados por fuerzas externas inherentes a la globalización y a lo que algunos llaman la “Cuarta Revolución” o “Revolución 4.0”; otros, se derivan de fuerzas internas del país ya sea por la inestabilidad económica, por la disputa por los espacios de poder, por la relación de nuestro país con Estados Unidos, por las consecuencias de la alteración de los ecosistemas, por la violencia y la inseguridad, etc.

Es así que, a la vista de un sin número de mexicanos hay un panorama que les oprime el alma; aunque también, hay una buena parte de la población que podría estar negada a la realidad y fugarse a los tentáculos de la diversión y el entretenimiento, o sumergirse en el mundo del alcohol y las drogas.

Pero, acaso, ¿todavía hay ciudadanos valientes que deciden dejar de lado su ensimismamiento para embarcarse en una lucha épica y colectiva?

Si la respuesta a esta interrogante no se logra obtener de a bote pronto y sin justificantes alrededor de un simple “si” o un “no”, pensando solo en el mundo de los adultos tempranos o mayores; entonces, podríamos suponer que, en el caso del mundo de los jóvenes (hablando de la generalidad) tampoco prevalece el pensamiento colectivo, sino de la individualidad por la satisfacción de sus necesidades inmediatas.

Veamos, en la elección presidencial de 2024, el diario Infobae (27 de marzo, 2025) consigna que los que menos votaron fueron los jóvenes de entre 20 y 24 años, 48.5%; y aún menos, los jóvenes de entre 25 y 29 años, con tan solo 47.4%.

Este dato apenas nos dice que hay una desconexión entre la juventud y la política tradicional, ya que diversos estudios revelan que los jóvenes mexicanos desconfían de los partidos políticos y de las instancias gubernamentales. Sin embargo, en contraste, existen evidencias sólidas de cómo los jóvenes no son apáticos ni indolentes a la caótica realidad, sino que han encontrado ingeniosas formas de participación política, proclives a las decisiones de carácter horizontal y adaptadas al contexto digital, es decir, participación política con causa.

Donde está la causa, ahí está la lucha

Quizá hablar del movimiento estudiantil de 1968 se escucharía como algo lejano para las nuevas generaciones, pero a pesar de la distancia en la historia es un ejemplo claro de participación política con causa, pues los muchachos impulsaban una reforma educativa donde los incluyeran en la toma de decisiones académicas y así mismo, la defensa de sus derechos fundamentales; y aunque sus efectos transformadores fueron una onda expansiva en otras áreas de la sociedad, el origen del movimiento fue por una causa, la educativa.

Lo mismo ocurrió con el contemporáneo movimiento estudiantil “Yo soy 132” en la Ciudad de México, en 2012; y con el movimiento estudiantil chileno y colombiano, ambos en el 2011. También hay ejemplos de participación política por causa climática como el Fridays for Future lidereado por la joven activista Greta Thunberg.

Hasta el momento, los partidos políticos (perdedores), a un año cumplido de haberse realizado la elección presidencial, no dan muestra de renovación ni de cómo abrir espacios reales a las voces de los jóvenes; porque de la participación de estos depende la calidad de la democracia de México.

Me gustaría pensar en la posibilidad de que, en el contexto actual de constitución de nuevos partidos políticos, algunas de las deficiencias de nuestra democracia se vayan acotando, por lo menos, impulsando la formación política de los jóvenes para estimular el sentido de la acción colectiva. A propósito, donde encontré una propuesta de organización municipal de clubes por causa y por profesiones fue en el Partido POR LA CUARTA REPÚBLICA, de corte socialdemócrata, quien está entre los solicitantes a constituirse como nuevo partido. Participaré con ellos.

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