Se desdibujan las fronteras y la seguridad nacional cobra otra dimensión

Se desdibujan las fronteras y la seguridad nacional cobra otra dimensión

22 de septiembre de 2021 1189 Por María Manuela de la Rosa Aguilar

La historia de la humanidad gira también en torno a la historia de las migraciones. El hombre por naturaleza es un ser en constante búsqueda de nuevos horizontes, ya sea para mejorar su situación, huir del peligro o simplemente por su inquietud innata de explorar para conocer, en esa curiosidad que lo ha llevado al límite y que gracias a lo cual ha logrado avanzar, tener mejores condiciones de vida y evolucionar.

Pero también en ese afán de mejorar surge el de conquista y las migraciones han estado unidas indisolublemente a la guerra, no sólo para avasallar, sin para refugiarse, o cuando ha encontrado sitios mejores para vivir. Vemos por ejemplo los romanos, los griegos, los otomanos, incluso desde los fenicios.

Hoy día las migraciones presentan la dramática cara de este fenómeno, de millones de personas que en su mayoría huyen del hambre y del terror de la guerra, de las dictaduras y la intolerancia. Vemos el caso reciente de Afganistán y ahora también Haití. Miles y miles de refugiados saliendo de sus países para buscar un mundo mejor para sus hijos.

El problema está en que, si bien se dice fácil y parecería algo muy natural, existe también el derecho de cada país a cuidar de su soberanía, de su seguridad interior, de su economía y de su pueblo, al que se debe en primera instancia.

Suena y se ve muy bien recibir con los brazos abiertos al desvalido, pero en los hechos esto ha generado una crisis mundial.

Los países que prácticamente se han visto invadidos por la migración son los Estados Unidos y Europa, principalmente.

No es políticamente correcto negar la entrada a miles de necesitados, que en realidad son refugiados de la guerra, del hambre, de la injusticia.

Pero cómo lograr integrar a miles y miles de personas que de un día para otro ingresan a un país ajeno. ¿Con qué recursos, dónde, cómo? Si la mayoría de estas pobres personas no cuentan con una educación, no conocen el idioma, no pueden desarrollar cualquier ocupación. Mano de obra, tal vez, pero requiere de capacitación, ¿Quién asume el costo? Requieren techo y sustento ¿Quién la proporciona? Necesitan seguridad social, ¿en dónde?

Y las fuerzas policiacas e incluso los ejércitos más poderosos del mundo no han logrado contener las crecientes olas de migrantes. Esto ya ha llegado a los terrenos de la seguridad nacional, pero no sólo de un país en específico, sino de las potencias, de los países más ricos y prósperos. ¿Cuáles serán las consecuencias?

No hay trabajo para todos, no hay seguridad social que pueda cubrir las necesidades de miles que de pronto llegaron. Pero quienes son, qué saben hacer, y sobre todo, la pregunta que debe responderse. ¿entre ellos hay delincuentes, terroristas, mafiosos? Porque de hecho se han filtrado entre la gente y detectarlos no es tarea fácil.

No sólo estamos hablando de humanidad en los países de acogida, sino de seguridad nacional y seguridad interior. Sobre todo, sabiendo que por ejemplo en México los migrantes son presa fácil de la delincuencia organizada que con ellos hace leva.

Esta no sólo es una crisis humanitaria, sino de seguridad global.

Según datos de la Agencia de la ONU para los refugiados, ACNUR, hay poco más de 4 millones refugiados y migrantes en el mundo.

Los principales países expulsores de migrantes son China, México, Rusia y la India y un 15% proviene de América Latina, como México, Colombia, Puerto Rico, Cuba, El Salvador, Brasil, Jamaica, República Dominicana, Haití y Perú.

 Y no obstante que en el 2018 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó el Pacto Mundial sobre los Refugiados, para establecer estrategias a fin de establecer una distribución previsible  y equitativa de la carga y la  responsabilidad, ya que  una solución sostenible que atienda el problema de la migración sólo se puede lograr con la cooperación internacional, en donde están en juego no sólo el cumplimiento de las buenas intenciones, sino las capacidades de cada país, la agenda política, la opinión pública y la capacidad real que se tiene, porque hasta los países más ricos y desarrollados ya están siendo rebasados por esta crisis.

Y lo que viene de manera natural es la discriminación, por un lado, por parte de los ciudadanos locales, que se ven invadidos, así como una reacción, muchas veces violenta, de los nuevos residentes en los países de destino, quienes con el tiempo adquieren derechos y pueden llegar a cambiar el rumbo de un país si llegan a tener suficiente mayoría. Eso ya se está viendo en países europeos y en Estados Unidos.

Inglaterra ya tiene un problema grave. Se ha visto casi rebasada porque han llegado a la isla hasta 830 migrantes en un día. Sólo en lo que va de este año han llegado unos 14,000 migrantes, la mayoría provenientes de Irán, Afganistán, Yemen, Siria y Sudán.

La Universidad de Oxford ya se encuentra haciendo un estudio sobre el tema, observando que hay razones geopolíticas, así como por el tiempo, ya que cuando las aguas están más calmadas aumenta el número de migrantes.

El gobierno inglés pretende recurrir a la táctica de retroceso, es decir, hacer retroceder a los barcos con migrantes, para luego dejar en manos de las autoridades francesas interceptar los barcos. Sin embargo, Francia se ha opuesto a este plan, ya que considera que salvar las vidas humanas es una prioridad. Y aquí surge un problema porque de acuerdo al derecho internacional, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar estipula que los países están obligados a prestar asistencia a cualquier persona que se encuentre en el mar con peligro de perderse.

Para el Reino Unido esto ya es un problema más grande, pues si bien hay una Ley de la Unión Europea que permite que los solicitantes de asilo sean trasladados de regreso al primer Estado miembro donde se comprobó que ingresaron. Pero, Inglaterra ya no forma parte de la Unión Europea.

En Estados Unidos más de 8,000 migrantes haitianos se encuentran retenidos en su frontera sur. Es una verdadera tragedia y una crisis humanitaria, en donde perecerán muchos, pocos lograrán su objetico, pero su futuro será muy incierto. Y en tanto, los gobiernos no han logrado establecer esa coordinación que ya desde hace años deberían haber realizado, para establecer protocolos eficientes que resuelvan el grave problema, que amenaza con ser de muy alta prioridad.

María Manuela de la Rosa Aguilar
María Manuela de la Rosa Aguilar

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