Mientras Ucrania se derrumba, Putin no cede ni ante el riesgo de quiebra

Mientras Ucrania se derrumba, Putin no cede ni ante el riesgo de quiebra

22 de marzo de 2022 4 Por María Manuela de la Rosa Aguilar

A casi un mes de la invasión a Ucrania, las tropas rusas siguen avanzando sólo para destruir ciudades y masacrar civiles. Sin embargo, la resistencia ucraniana ha dado una lección de valor al mundo con su determinación de defender hasta las últimas consecuencias su patria, encabezados por su presidente Volodimir Zelenski, un hombre que gozaba de poca popularidad y menos respeto por ser otrora una figura del espectáculo.

Nadie se imaginaba que, a partir de esta crisis, surgiera el gran líder que hoy es reconocido en todo el mundo y que sigue luchando por su país con armas, con la diplomacia y con la elocuencia de sus palabras que salen del más puro sentido común y de la crudeza de los hechos que enfrenta.

Vladimir Putin, por su parte, sigue empeñado en apoderarse de Ucrania, pues no queda duda alguna que sus intenciones son de anexión a Rusia, al precio que sea, porque sus argumentos iniciales han descubierto la mentira de protección al país vecino, haciendo todo lo contrario.

Mal calculó el presidente ruso en un principio. Vislumbró un país débil con ciudadanos rusoparlantes favorables como para repetir la historia de Crimea. Pero esto no ha sucedido, porque los mismos “prorusos” han defendido su independencia.

Estamos ante un momento crucial de la historia moderna, puesto que se están dando las condicones para una redefinición geopolítica del mundo, tal vez ya no con una hegemonía oriente-occidente, sino frente a otro posible bloque de países que defienden su soberanía, pero que, impedidos para entrar a la OTAN, tal vez logren establecer un nuevo pacto.

Los paradigmas político-estratégicos podrían cambiar. El presidente ucraniano no deja de pedir más apoyo a occidente, más sanciones contra Rusia y, sobre todo, una actitud más abierta en apoyo a las democracias, que ha sido su bandera desde la guerra fría.

Pero occidente actúa con prudencia, porque la historia está ahí para recordar el pasado. Hitler no se detuvo. En Cuba, la amenaza de una guerra nuclear fue real y es un hecho que la megalomanía existe, Nerón lo confirma. No se trata de ideologías, sino de intereses vitales para la seguridad mundial.

Si bien, en 1815, con la derrota de Napoleón Bonaparte, el Congreso de Viena redefine Europa para restabecer las fronteras orginales y logra mantener el equilibrio de poderes. Este acierto, como muchos que han marcado a la humanidad, tuvo su propio periodo de vigencia porque sobrevinieron nuevas batallas, otras aspiraciones y luchas independentistas contra antiguos regímenes, no sólo monárquicos, sino antiimperialistas.

Luego vino el Tratado de Versalles en 1919 que terminó con la I Guerra Mundial y aunque fue firmado por más de 50 países, las severas sanciones que se impusieron contra Alemania motivaron más tarde a Hitler para iniciar la II Guerra Mundial. Y esta lección tal vez la tienen muy presente los actuales líderes mundiales, que han impuesto a Rusia sanciones económicas de gran envergadura que ya se están sintiendo en todo el país.

Por ello, no es raro que Vladimir Putin haya reunido a la población rusa en un gran evento masivo para justificar los atques a Ucrania y convencer a su gente que está haciendo lo correcto.

Lo cierto es que las noticias no fluyen en Rusia como se pensaría, ya que la sensura es prioridad del Estado. Hoy, más que nunca, es uno de los temas más importantes de la seguridad interior para mantener el control.

Pero no olvidemos la Primavera Árabe, o el caso de Cuba, pues el desarrollo de las comunicaciones es imparable y, tarde o temprano, la información logrará permear hasta al gigante de hierro soviético. Es cuestión de tiempo, aunque mientras, siguen muriendo ciudadanos inocentes en Ucrania. Y la realidad es aplastante. Si las imágenes de lo que hoy es Ucrania llegan a Rusia se abriría un nuevo frente para Putin.

La rebelión de las masas es impredecible.

Ahí está para recordar la Conferencia de Yalta, en Crimea, en aquel 1945, cuando las grandes potencias dividieron Europa en zonas de influencia oriente-occidente, de donde surgieron las Naciones Unidas y los países iberados de los nazis pudieron realizar elecciones para decidir sus propios gobiernos.  ¿Qué hubiera pasado de no realizarse? No lo sabemos.

Y el parteaguas de 1989, cuando cae la Unión Soviética y 15 repúblicas se independizan. Este acontecimiento es un hecho que Putin desea revertir a toda costa, como ya lo ha demostrado: volver al pasado de la poderosa Unión Soviética, el sueño de su vida, sin duda alguna.

Pero se olvida que él mismo ha fomentado y se ha apoyado de los oligarcas rusos, que, en lugar de democratizar al país, se han servido de él, generando mayor polarización social. Si el sistema socialista fue un fracaso, la Rusia renovada como “democrática” no ha sido más que una nueva tiranía ahora basada en la corrupción capitalizada en su máxima expresión, donde también los políticos de muchas naciones han sacado provecho apoyando la expansión de las fortunas hacia Europa, Estados Unidos y otros muchos países, donde la oligarquía rusa tiene sus capitales seguros, o tal vez ya no tanto, con las medidas tomadas por Joe Biden.

El sueño de Putin puede esfumarse, por eso seguirá presionando con sus ataques, cada vez más despiadados. Y el que siempre paga las consecuencias es el sufrido pueblo ruso, cuyo despertar podría cambiar la historia.

Pero otro aspecto, tal vez el más revelador de esta guerra es la cuantificación de lo que ha sucedido. De acuerdo con datos de la ONU, más de tres millones de personas han tenido que salir huyendo de Ucrania, de los cuales 1.4 millones son niños y dentro de estas cifras se encuentran también 157,000 ciudadanos de muy diversos países que han salido de Ucrania, forzados por los acontecimientos.

Del país ya queda muy poco, salvo la dignidad y valentía que siguen manteniendo en pie a Ucrania.

Uno de los grandes temores de Europa para ser más contundente contra Rusia es la gran dependencia del gas ruso, sobre todo en este invierno, pero conforme pasa el tiempo, la primavera se acerca y, si bien, se ha detenido el proyecto del gasoducto ruso hacia Europa cancelarlo no es un escenario que parezca muy razonable desde el punto de vista económico.

Sin embargo, la conciencia de la población puede generar tal presión en los gobiernos que podrían estimularse otros proyectos alternativos, como la generación de energía limpia, camino que han seguido, sobre todo, los países del norte.

Esta crisis geopolítica ha traido consecuencias globales, pues ya todos los países están sufriendo por la inflación y la subida del interés, aunque hasta el momento  la Reserva Federal de los Estados Unidos ha mantenido su posición de mantenerse en menos del cero por ciento, por lo que acaba de aumentar un cuarto de punto porcentual, para no afectar tanto a los mercados.

La guerra, indudablemente, afectará el PIB mundial entre el 1.3% y el 2.7% y el comercio internacional. Algunos observadores advierten sobre el desabasto de materias primas y posiblemente una crisis alimentaria a nivel global que afectará principalmente a los países más pobres.

Las lecciones han sido consideradas, pero los escenarios cambian día a día, sólo la decisión de Putin sigue inamovible.

María Manuela de la Rosa Aguilar
María Manuela de la Rosa Aguilar

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