Si no sabíamos quiénes eran los integrantes de la generación Z, ahora lo sabemos; si desconocíamos sus rasgos culturales característicos, ya nos enteramos. Quienes tenemos un hijo o hija, un sobrino o un nieto perteneciente a esta generación podemos entenderlos un poco mejor. La marcha del pasado fin de semana colocó el concepto de Gen Z en las reuniones familiares y en las aulas de escuelas y universidades. Tal vez los jóvenes de este rango de edad no estaban del todo conscientes de ello, pero lo cierto es que perciben de manera similar la atmósfera sociocultural que los rodea.
Todos podemos tener nuestra propia opinión respecto a los objetivos que motivaron la realización de la marcha del 15N, incluso sobre las reacciones de violencia en ambos bandos. Sin embargo, en lo que quiero concentrar la atención es en que ha surgido un movimiento de inconformidad social frente a problemas muy latentes y sentidos, como la inseguridad, la falta de empleos dignos y las bajas perspectivas económicas del país. Independientemente de quién lo integre, se le ha identificado semánticamente como GenZ, y así el gobierno autodenominado de la 4T ya tiene a su disidencia fuera de los partidos políticos, como la tuvo Peña Nieto con #YoSoy132, sin perder de vista que el gobierno de la presidenta Sheinbaum aún tiene cinco largos años por recorrer.
Por ahora, es ocioso hacer una evaluación cuantitativa de lo que se gestó este sábado 15 de noviembre. Claro, para el gobierno federal y el de la Ciudad de México sí es importante cuantificar la asistencia a esta y a las subsecuentes manifestaciones que habrá de la GenZ, pues tendrán que defenderse de los ataques políticos en su contra. Paralelamente, lo que recae en el terreno del análisis cualitativo es que los adolescentes y jóvenes de México se están desarrollando en un ambiente hostil que muy probablemente merme sus aspiraciones profesionales y personales; ante ello, reaccionarán en contra de las instituciones y de sus gobernantes.
Ahora bien, las dos figuras políticas más importantes del país —la presidenta Claudia Sheinbaum y la jefa de Gobierno, Clara Brugada— pertenecen a otra generación, tres veces anterior a la Z: los baby boomers. Y aunque el gabinete de ambas mandatarias, en promedio, es relativamente joven, será necesario que diseñen políticas públicas que satisfagan las necesidades de todos, sí, pero particularmente de los jóvenes de la generación Z. No olvidemos que ellos son nativos digitales y que, si hoy unas barreras de acero y escudos humanos conformados por policías les impidieron entrar al Zócalo, las redes sociales y la inteligencia artificial serán sus plataformas por excelencia, herramientas desde las cuales sus protestas traspasarán cualquier barrera física que se les imponga.
Concilio.
Hace unos días, el INEGI publicó los resultados de la encuesta Módulo sobre Lectura (Molec) 2025. Hay dos novedades: la primera es que, a diferencia de todas las aplicaciones realizadas desde 2015 —en las que los entrevistados eran personas alfabetas de 18 años y más—, ahora el rango de edad se amplió a 12 años y más; la segunda es que la encuesta incluye la lectura en redes sociales. Así, por ejemplo, de las 103.9 millones de personas alfabetas de 12 años y más, ocho de cada diez declararon leer en redes sociales (Facebook, WhatsApp, X, etcétera).
La conjunción de ambas variables permitió al gobierno mejorar los resultados de la medición de 2024, donde el promedio de lectores fue de 69.6%, y elevarlo ahora a 79.1%. Sin duda, los números mejoraron y eso agrada mucho al gobierno, pero también es indicio del cambio cultural que vive nuestro país, donde los gobernantes están reconociendo que la GenZ tiene nuevas formas de allegarse información y de acercarse a aquello que les interesa.

More Stories
Sin Protocolo / El perfil de Citlalli
Toma Claudia control de Morena
No es solo dos bocas/Rubén Moreira/Artículo