3 de septiembre de 2026

Dossier de Prensa

Libertad Informativa

Ser paisano/Rubén Moreira/Artículo

En Estados Unidos vive un aproximado de 40 millones de mexicanos. Alrededor de 12 millones nacieron en nuestro país, 14 millones son de segunda generación y entre 13 y 14 millones son descendientes de ellos. Una nación se mudó al norte y, con su esfuerzo, contribuye a la mayor economía del mundo. Los hay políticos, empresarios, militares y también trabajadores de la construcción o del campo. La grandeza de Norteamérica no se puede entender sin los paisanos.

Al iniciar la Segunda Guerra Mundial, miles de los nuestros ocuparon las plazas que en el agro o la industria dejaban los jóvenes estadounidenses que marchaban a Europa o al frente del Pacífico. No fueron pocos los que se sumaron al Army y, en Corea, Vietnam y otros conflictos, también hay nombres de mexicanos entre quienes defendieron la bandera de las barras y las estrellas. Se marcharon de nuestra patria en busca de hacer realidad los sueños de su familia y se llevaron con ellos sus valores y la voluntad de triunfar.

En el sexenio de Ernesto Zedillo triunfó la propuesta de reconocer a esos buenos mexicanos la posibilidad de contar con dos nacionalidades. No es algo extraño en el mundo; hay otros pueblos que tienen instituciones parecidas. Incluso políticos importantes son ejemplo de tal derecho. Uno de ellos es Mark Carney, el bravo primer ministro del país de la hoja de maple, quien al mismo tiempo es británico, irlandés y, por supuesto, orgulloso canadiense. Nadie en su tierra duda de la lealtad de este personaje a los intereses de su país. La posición de Zedillo fue de avanzada y permitió a nuestros paisanos asegurar una estancia legal más allá de las fronteras y no perder el privilegio de ser mexicanos.

Morena no es un partido de izquierda; es una formación política donde hay todo tipo de personajes, entre ellos algunos con una profunda dignidad y amor a México. Sin embargo, dominan aquellos cargados de pragmatismo convenenciero o de rencores que les impiden pensar en la patria y en una realidad: la prosperidad es una ruta y no una oferta milagrosa.

No se puede negar que López Obrador, líder moral de eso que llaman movimiento, realizó un amplio proselitismo entre la población que migró al vecino país. Hay muchas manifestaciones naturales e inducidas que pueden traerse a cuenta. Pero, en la realidad, hay temas que demuestran que el verdadero interés era aprovecharse de su fuerza electoral y de la influencia que tienen en las familias que permanecen en el territorio de origen.

Pongo varios ejemplos de lo anterior: 1) el gobierno de Morena canceló programas sociales que apoyaban a las comunidades donde se presenta con mayor prevalencia la migración; 2) se abandonó la defensa activa de los migrantes y nunca, como ahora, ante las violaciones a los derechos de los paisanos por autoridades extranjeras, el gobierno se mantiene en silencio; y 3) la Cancillería se ha debilitado en su estructura presupuestal. Los fondos del sistema consular son raquíticos, al grado de que en ocasiones no se ha pagado al personal.

La comparación es brutal: en 2018 se tenía asignado al Programa de Atención y Servicios Consulares un monto de 1,291 millones de pesos, mientras que en 2026 la cifra solo fue de 562 millones. Lo mismo se puede decir del presupuesto total de la Secretaría de Relaciones Exteriores, que en el último año de Peña tenía 13 mil 291 millones de pesos y en el año en curso es de 9 mil 294 millones. Las comparaciones son en pesos actuales.

A ese desprecio se suma la ofensa de la iniciativa que pronto se va a discutir y en la cual se contiene una tremenda desconfianza en contra del paisano, al que Morena le supone proclive a traicionar a la patria.