20 de mayo de 2026

Dossier de Prensa

Libertad Informativa

Sin educación no hay futuro/Rubén Moreira/Artículo

Para 1960, Corea del Sur exportaba cabello para elaborar pelucas. La guerra había terminado y su territorio era la mitad del original. A lo anterior hay que sumar que la parte sur de la península es la más pobre en recursos naturales.

La salida que encontraron los coreanos al problema es aleccionadora. El presidente Park Chung-hee, un militar que tomó el poder en 1963, vio en la educación y la ciencia la respuesta al reto del desarrollo económico y a la búsqueda del bienestar.

Un empresario de aquel país me dijo: “El principal activo en aquellos días era la población y sus valores; entre ellos, la disciplina, la capacidad de trabajo y el amor por los hijos. Park lo sabía y actuó en consecuencia”.

A mi parecer, el modelo educativo se caracteriza por: 1. La expansión masiva, lo que significó incrementar la matrícula y cobertura. 2. La exigencia de buenos resultados. Se adoptó un sistema de promoción centralizada para desarrollar una base de talento calificada. 3. Un fuerte compromiso de los padres con el desempeño y esfuerzo de los hijos. 4. Jornadas escolares que incluyen más horas y más días en el aula, e incluso clases extra para los alumnos. 5. Un enfoque laboral donde el sistema educativo y la investigación tecnológica tienen vínculos con la producción.

Hoy Corea del Sur es una potencia y sus productos inundan los mercados. Los gigantes KIA, LG, Hyundai y Samsung son ejemplo de calidad y se encuentran ligados a nuestras vidas.

Los logros educativos son evidentes: se erradicó el analfabetismo en tiempo récord; el 70 por ciento de los jóvenes accede a la universidad y el país posee el mayor número de adultos con estudios de ese nivel. Por cierto, ingresar a las tres principales instituciones es un reto mayúsculo. Quienes aspiran a cursar estudios superiores presentan el temido Suneung.

El instrumento se aplica una vez al año y define el futuro académico, laboral y social de los estudiantes. Es considerado la evaluación más estresante y exigente del mundo, tanto que la sociedad modifica sus rutinas para no afectar los resultados. Por ejemplo, se suspenden los vuelos cuando se evalúa la comprensión auditiva del inglés.

El examen dura ocho horas y comprende matemáticas, coreano, historia patria, inglés, ciencias y una segunda lengua extranjera. La Universidad Nacional de Seúl, que es pública, tiene una tasa de aceptación de entre 10 y el 15 por ciento de los aspirantes, mientras que las privadas, Korea y Yonsei, llegan al 1 por ciento. Ingresar a ellas significa un buen futuro profesional.

Mientras tanto, en México se desmantela el sistema educativo, se eliminan las exigencias de calidad y se deja de invertir en las universidades tecnológicas y politécnicas. Hay un esfuerzo del gobierno por consolidar la mediocridad y promover la milonga. Una secta de fanáticos juega a gobernar y nos arrastra al precipicio.