En torno al ejercicio del poder y de la política, Héctor Hugo Olivares Ventura, un viejo líder priista, solía decir:
“Nunca habrá dinero suficiente para invertirse en la estabilidad de nuestro país”.
Así es como se entiende los más de 70 años de ejercicio del poder del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Desde la formación de sus cuadros políticos, los priistas invertían en educación, porte, oratoria y trayectoria política.
Los caciques, importantes dirigentes, líderes sindicales, gobernadores, secretarios de Estado y presidentes, sabían cuando alguno de los suyos, tenía madera para gobernar.
En consecuencia, la familia de los jefes políticos, solía ser lo más cuidadosa posible, tanto primeras damas como los hijos.
Descendientes de mandatarios, gobernaron, en algunos casos fueron presidentes y en otros mandatarios estatales, senadores, alcaldes y dirigentes nacionales del partido en el poder.
¿Pero qué sucede actualmente? Una “transformación” que derivó en descomposición.
Su creador, Andrés Manuel López Obrador perdió el equilibrio político del poder; pretendió controlar todo, incluidos a sus hijos desde Palenque, pero las cosas no le salieron como lo había imaginado.
Busca seguir gobernando, pero sin cuidar las formas -la forma es fondo decía el ideológico priista, Jesús Reyes Heroles– y sin haber formado a sus descendientes, metidos en estos momentos en el ojo público.
Su consentido Andrés López Beltrán, manejó poder e influencia tras bambalinas, pero al salir a la luz pública, sistemáticos cuestionamientos le cayeron encima.
El gobierno de Donald Trump le canceló su visa por razones que aún no están del todo claras, salvo por menciones relacionadas con el huachicol fiscal.
Los hijos de Obrador, tergiversaron la “honestidad valiente”, la “austeridad republicana” y explotaron el “orgullo del nepotismo” de su padre.
Y lo que sucede en estos días, es consecuencia de haberse servido del poder a manos llenas.
Las imágenes de viajes, compras en tiendas de marcas exclusivas, hospedajes en hoteles de gran turismo y restaurantes carísimos, los pintaron tal cual son.
¿Hay comparación con los hijos de Enrique Peña Nieto? ¿Con los de Felipe Calderón? ¿Con los de Ernesto Zedillo o Carlos Salinas?
Una gran disyuntiva tiene la presidenta Claudia Sheinbaum para poner orden en todo este escándalo, porque no son sus hijos los causantes del desprestigio que afecta a su administración.
Del pasado hay experiencias a las que podría recurrir la mandataria, como mandar de embajadores a algunos o exiliar a donde no le provoquen conflictos.
Hay poder de sobra y dinero en abundancia que puede usarlo para estabilizar políticamente su sexenio. Sólo es cuestión de actuar.
PROSPECCIÓN… Durante el pasado fin de semana, la alcaldesa de Tlalpan, Gabriela Osorio encabezó los trabajos para mejorar vialidades, reforzar la seguridad, proteger suelo de conservación y generar espacios de convivencia para las juventudes. En materia de infraestructura, el Programa Bachetón llegó a 10 colonias, donde se repararon 433 baches, utilizando 312 toneladas de mezcla para atender mil 733 metros cuadrados de vialidades. En Tochtepec, Barranquilla y Huinizco, Osorio supervisó nuevas huellas ecológicas, para mejorar los accesos sin dejar de proteger el suelo de conservación. Con estas acciones suman más de 8 kilómetros de huellas en más de 80 comunidades. En materia de seguridad reforzó operativos y presencia policial en Topilejo, en coordinación con la Secretaría de Seguridad Ciudadana. Además, Tlalpan participó en un operativo que permitió el aseguramiento de más de 2 mil metros cúbicos de madera, el mayor decomiso de este tipo en la historia de la Ciudad de México, como parte de las acciones para combatir la tala clandestina y proteger los bosques.

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