Por: El Cerbero
La definición de Morena rumbo a la gubernatura de Baja California todavía tiene camino por recorrer, pero el tablero comienza a mostrar con mayor claridad los perfiles que buscan colocarse en la primera línea de la sucesión. Y en una contienda donde conviven experiencia política, estructuras partidistas y distintos grupos de influencia, hay un nombre que podría terminar jugando un papel más relevante del que inicialmente se anticipaba: Archi Samaniego.
La competencia no es menor. Fernando Castro Trenti, Evangelina Moreno Guerra y Joel Anselmo Jiménez Vega forman parte de los perfiles que han ganado visibilidad dentro del proceso, cada uno con trayectorias y respaldos propios. Sin embargo, el caso de Samaniego resulta diferente: es uno de los aspirantes que no venía desempeñando un cargo público y que decidió entrar a la disputa desde una posición menos dependiente de las estructuras gubernamentales. De hecho, el 10 de agosto sostuvo, junto con Jiménez Vega, una reunión con la dirigencia nacional de Morena para revisar la ruta del proceso, confirmándose que ambos permanecían dentro de la contienda.
Ahí puede estar precisamente una de las fortalezas de Samaniego. En una elección interna donde será necesario construir consensos y mantener cohesionada a la militancia, un perfil que pueda presentarse ante distintos sectores sin cargar necesariamente con las mismas disputas acumuladas durante años puede adquirir un valor particular. Archi no necesita competir solamente por quién tiene la trayectoria política más extensa; puede competir por quién representa una renovación capaz de conectar con una ciudadanía que quiere resultados, pero también exige cercanía y congruencia.
Su registro como aspirante a la Coordinación Estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional fue presentado en junio. El ensenadense, ha colocado entre sus principales preocupaciones la seguridad y el desarrollo urbano, y ha planteado la necesidad de recorrer los siete municipios para conocer directamente las necesidades de sus habitantes.
El punto interesante es que la contienda todavía no está definida y, por lo mismo, las posiciones actuales no necesariamente serán las mismas dentro de algunas semanas. En procesos políticos de esta naturaleza, la capacidad de construir puentes puede terminar siendo tan importante como el tamaño de una estructura. Morena necesita preservar la unidad durante la definición y la propia dirigencia nacional ha insistido públicamente en ese propósito.
En ese escenario, Archi Samaniego puede encontrar una ventana de oportunidad: presentarse como una alternativa de renovación, con un discurso centrado en la honestidad, la transparencia y la cercanía con la ciudadanía. No se trata únicamente de decir que es un aspirante distinto; la verdadera apuesta consiste en convencer de que esa diferencia puede convertirse en una ventaja política.
Frente a perfiles con una larga historia en la vida pública, Samaniego puede jugar la carta de la cercanía. Frente a las estructuras partidistas, la de la ciudadanía. Y frente a las negociaciones tradicionales de la política, la de un proyecto que insiste en que quien pretenda gobernar Baja California debe llegar con la libertad suficiente para responder ante la gente y no ante intereses particulares.
Ese discurso puede resultar particularmente atractivo en Tijuana y en otros municipios donde la relación entre ciudadanía y clase política se ha vuelto más exigente. La gente no solamente quiere conocer quién tiene posibilidades de ganar una candidatura; también quiere saber quién puede mirar de frente a los ciudadanos y sostener sus decisiones cuando llegue el momento de gobernar.
Por eso, más que preguntar si Archi Samaniego es hoy el favorito —una conclusión que sería prematura—, la pregunta políticamente interesante es otra: ¿puede convertirse en el factor que modifique la ecuación interna de Morena en Baja California?
La respuesta todavía está por escribirse. Pero hay señales que hacen que la posibilidad no deba descartarse. Su permanencia en el proceso, su acercamiento con la dirigencia nacional y el perfil ciudadano con el que pretende diferenciarse le permiten seguir construyendo una candidatura que, si consigue ampliar sus respaldos, podría pasar de ser una aspiración más a convertirse en una opción competitiva.
La decisión final corresponderá a Morena. El método, las mediciones y los acuerdos internos terminarán definiendo quién encabezará el proyecto rumbo a 2027. Mientras tanto, la disputa sigue abierta y Archi Samaniego parece haber entendido algo fundamental de la política: a veces, quien llega sin ser considerado favorito es precisamente quien tiene mayor margen para crecer.

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