El gran negocio de los fármacos

El gran negocio de los fármacos

14 de septiembre de 2021 55 Por María Manuela de la Rosa Aguilar

De acuerdo a datos de la Organización de la Salud, 450 millones de personas sufren algún trastorno mental, como ansiedad, depresión, trastorno afectivo bipolar, discapacidades intelectuales, trastornos del desarrollo, psicosis, o esquizofrenia.

Y en este entorno, las farmacéuticas han generado una industria cada vez más diversa y extensa, ya que una de las principales preocupaciones en todo el planeta es precisamente el tema de la salud y más en épocas de pandemia.

Se estima que más de 420 millones de personas en el mundo sufren de depresión. La Secretaría de Salubridad y Asistencia en México estima que 15 millones de mexicanos padecen un trastorno mental.

Debido al confinamiento al que obligó la pandemia, el 24% de los jóvenes en México tienen trastornos de ansiedad, déficit de atención, depresión, uso de sustancias e intentos suicidas. Asimismo, muchos mexicanos han aumentado el consumo del alcohol, drogas, padecen de insomnio y ansiedad.

A partir del 2008 los suicidios crecieron en México un 160% y hoy es una de las principales causas de muerte de jóvenes.

En Estados Unidos la pandemia del Covid-19 generó ansiedad y depresión en el 42% de la población, 11% más que un año antes. Y este fenómeno se repite en todo el mundo.

En el mundo, el 52% de la población ha sufrido de depresión en algún momento y se estima que para el 2030 será la primera causa de muerte. Y ya antes de la pandemia la principal causa de preocupación para la OMS era la depresión

En España la Escuela Andaluza de Salud Pública advirtió hace tiempo sobre el aumento del consumo de antidepresivos y el consumo se triplicó con la pandemia, por lo que el acceso a los antidepresivos se ha vuelto muy recurrente, e incluso ha aumentado la facilidad para adquirirlos, lo que ha ocasionado un consumo indiscriminado incluso cuando no se requiere.

Sin embargo, los riesgos de tomar antidepresivos y otros fármacos relacionados con problemas mentales, es que tienen efectos adversos, como náuseas, ataques de ansiedad, insomnio y un riesgoso aumento de pensamientos suicidas.

Se ha observado una falta de adherencia a los tratamientos con fármacos antidepresivos y estos medicamentos son cada vez más tolerados, consecuentemente el consumo tiende a ir en continuo aumento.

Ya muchos médicos se han pronunciado sobre los antidepresivos como el doctor Peter Godtche, que dicen que estos fármacos afectan más que curar. El es un médico danés que es cofundador de la organización Cochrane, una prestigiosa fundación que hace estudios científicos basados en la evidencia.

Posición que avala un estudio de la Universidad de Oxford a gran escala para comprobar la eficiencia de los medicamentos, concluyendo que los antidepresivos apenas tienen poco más efecto que los placebos, por lo que en realidad no aportan ningún beneficio.

Pero como la industria farmacéutica factura en el mundo más de 1,000 billones de dólares, poco más del 1.3% del PIB mundial, no es raro que invierta grandes sumas en publicidad, para convencer a los consumidores de ingerir antidepresivos, incluso sin receta, a los cuales malamente se les ha llamado “la píldora de la felicidad”; el público objetivo es generalmente gente con problemas personales, no importa si son ocasionales, con estados de irritación, mal humor, tristeza, e incluso timidez, a quienes se convence de que sus problemas no son debido a sus particulares circunstancias, sino que sufren una depresión y que esta no se detecta con exámenes de laboratorio.

Así que los antidepresivos son anunciados como la solución mágica a todos los problemas. Incluso cuando se ha visto que se genera una resistencia natural al tratamiento, las farmacéuticas se han justificado con eso mismo, para explicar su falta de eficiencia. Así que la culpa se endosa tácitamente al paciente.

Y lamentablemente los episodios depresivos se van acrecentando con el tiempo, catalogando este padecimiento como crónico. Y los fármacos, continúan presentes a lo largo de la vida, soslayando astutamente su eficacia. Una responsabilidad que nunca es asumida por las farmacéuticas y que sin embargo cada día cobra más vidas.

De sobra son conocidos suicidios de famosos por el uso de antidepresivos, como el actor Robin Williams, el cantante Curt Kobain, el escritor Hernest Hemingway, la estrella country Mindy MacCready, el actor mexicano Pedro Armendariz, el diseñador de moda Alexander McQueen, el escritor italiano Emilio Salgari, la escritora Virgina Woolf, el chef y presentador Anthony Bourdain y muchos otros más.

Se calcula que en el mundo 3’500,000 sufren de depresión y cada año se quitan la vida unas 800,000 personas. Sólo en Estados Unidos cada día se suicidan unas 122 personas debido a este padecimiento.

El problema es ya un asunto de salud pública mundial que puede convertirse en una crisis con efectos insospechados, pues está también ligado con la violencia, la falta de productividad y el incremento de conflictos sociales.

Muchas son las medicinas antidepresivas y es fácil buscarlas por internet e incluso adquirirlas, entre las que se cuentan: fluoxetina; citalopram; sertralina; paroxetina; escitalopram; zoloft sertralina; klonopin; diazepan, etc.

María Manuela de la Rosa Aguilar
María Manuela de la Rosa Aguilar

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