>> El Instituto del Propósito y Bienestar Integral (IPBI) urge a desarrollar protocolos de detección temprana y canalización a redes públicas o privadas de urgencia
En México, el jefe directo ocupa una posición privilegiada para el cuidado de su equipo: es quien primero puede notar si un colaborador se aísla, baja drásticamente su rendimiento o se ausenta sin motivo. Convertir esa cercanía en una alerta temprana, en lugar de sancionarla con actas administrativas, representa una oportunidad clave para prevenir crisis severas e incluso el suicidio desde el espacio laboral, señala el Instituto del Propósito y Bienestar Integral (IPBI) de Tecmilenio.
El Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemora el 10 de septiembre, es una oportunidad para poner el tema sobre la mesa también en los centros de trabajo. El suicidio responde a causas multifactoriales y no puede atribuirse únicamente al empleo; sin embargo, entender su magnitud ayuda a dimensionar el reto: durante 2024 se registraron 8,856 suicidios en el país, concentrados mayoritariamente entre los 15 y 34 años, el núcleo demográfico de la vida productiva nacional, según el INEGI.
En ese mismo rango de edad, el 72% de los trabajadores mexicanos reporta síntomas de agotamiento laboral extremo.Con la herramienta Factor Wellbeing, el IPBI ha identificado que el apoyo percibido en el entorno cotidiano funciona como un factor protector clave: fortalecerlo ayuda a evitar que el estrés severo escale hacia la desesperanza.
«La evidencia internacional es clara: la conducta suicida no aparece de un día para otro, sino que se construye a partir de señales que muchas veces pasan inadvertidas. Por eso creemos que la prevención empieza por escuchar, y por construir espacios de trabajo donde hablar de salud mental no sea un tabú, sino una prioridad», comenta Rosalinda Ballesteros, Directora del IPBI de Tecmilenio.
El protocolo de tres pasos para líderes de equipo
Para frenar esta escalada, el IPBI plantea capacitar a los líderes de equipo bajo un esquema de primeros auxilios psicológicos. El objetivo no es delegar en las jefaturas un rol terapéutico, sino dotarlas de tres herramientas puntuales: identificar variaciones conductuales atípicas, sostener un diálogo privado que valide el momento de crisis sin juzgar, y activar la derivación inmediata a servicios especializados.
En un país, como México, donde la inmensa mayoría de las unidades económicas son pequeñas y medianas empresas sin departamentos médicos propios, el entrenamiento enseña a los mandos a enlazar a la persona con redes públicas y gratuitas de urgencia, como instituciones de salud pública, si la empresa no tiene medios propios de atención.
«Pasamos gran parte de nuestra vida en el trabajo, lo que convierte a las empresas en una red de contención fundamental. No sustituimos la atención profesional, pero sí podemos ser el primer punto de contacto que ayude a una persona a sentirse acompañada y a buscar ayuda a tiempo», señala Ballesteros.
Manejo del duelo colectivo en la oficina
El reto institucional abarca también la capacidad de respuesta ante un evento consumado. Cuando un colaborador fallece por suicidio, la falta de una guía estructurada suele provocar silencios, rumores y sentimientos de culpa que fracturan la estabilidad del área y elevan el riesgo en otros compañeros vulnerables.
Un protocolo formal de acompañamiento y manejo del duelo posterior requiere otro tipo de acciones: comunicar lo sucedido a los colaboradores con claridad y respeto, sin caer en detalles morbosos ni estigmatizar el hecho; habilitar sesiones grupales de desahogo guiadas por especialistas; y ajustar temporalmente las metas y cargas de trabajo del círculo más cercano para procesar el impacto.
«Una práctica nociva tras una tragedia es guardar silencio por miedo o incomodidad», puntualiza Ballesteros. «Ignorar el impacto emocional en el equipo no borra el dolor; normaliza el estigma y deja desprotegidos a los colaboradores más vulnerables».
Por el contrario, la profesionalización del liderazgo en contención temprana y la gestión ordenada del duelo permiten a las organizaciones transitar de programas de bienestar superficiales a protocolos operativos que protegen el clima laboral y resguardan la vida de sus integrantes.

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