Llegó a mis manos una edición de 2015, publicada por el Fondo de Cultura Económica, de Introducción a la historia, de Marc Bloch. En la casa paterna conservo la edición de 1952, con la cual realicé algunas tareas durante mis estudios en la Escuela Normal Superior de Coahuila, hace más de cuarenta años.
Marc Léopold Benjamin Bloch nació en el seno de una familia judía alsaciana el 6 de julio de 1886. Su padre, Gustave, era un reconocido historiador de la Antigüedad y profesor de la Universidad de la Sorbona. El joven Marc ingresó a la prestigiosa École Normale Supérieure y amplió sus estudios en Berlín y Leipzig, donde conoció los métodos históricos alemanes.
En la Primera Guerra Mundial sirvió en el ejército francés, alcanzó el grado de capitán y recibió la Legión de Honor y la Cruz de Guerra por su valentía. En la Segunda Guerra Mundial, aun cuando tenía más de cincuenta años, volvió a alistarse en el ejército francés en 1939.
Bloch fue profesor en la Universidad de Estrasburgo y, posteriormente, en la Sorbona. En 1929 fundó, junto con Lucien Febvre, la revista Annales d’histoire économique et sociale, origen de la Escuela de los Annales. Entre sus obras más importantes destacan Los reyes taumaturgos, La sociedad feudal, La extraña derrota y Apología para la historia o el oficio de historiador, publicada póstumamente.
Hace apenas unos días, sus restos simbólicos fueron trasladados, en una ceremonia cargada de emoción, al Panthéon de París, junto con los de su esposa, Simonne Vidal, en reconocimiento a su labor como historiador y miembro de la Resistencia, convirtiéndose en el primer historiador en recibir ese honor desde 1791.
Tras la derrota del ejército francés y a consecuencia de las leyes antisemitas, Bloch fue expulsado de su trabajo y de inmediato se incorporó a la Resistencia. Sin embargo, fue arrestado por la Gestapo en marzo de 1944, torturado de manera inmisericorde y fusilado el 16 de junio de ese mismo año, cerca de Lyon, junto con otros veintinueve resistentes. Sus últimas palabras fueron: «¡Viva Francia!». Eso sucedió diez días después del desembarco aliado en Normandía y unas semanas antes de la liberación de su patria.
Cuando en mi juventud acudí a las obras del historiador, no reparé en su trágica y ejemplar existencia. Pero siempre he recordado una de sus frases: «El peor crimen de nuestros pretendidos demócratas fue no proporcionar al pueblo las informaciones claras y seguras sin las cuales no puede haber una conducta racional.»
De su vida y de su muerte nos queda la enseñanza de que, frente a la barbarie, la inteligencia debe tener valor cívico y enfrentarla cueste lo que cueste, incluso si el precio es la vida.

More Stories
No te acostumbres a la tragedia/Rubén Moreira/Artículo
Sin Protocolo / Aumenta violencia letal
Sin Protocolo / Informe, Zambada