Por: Nancy Cárdenas
Los días que le siguieron al rechazo de desafuero del Diputado Federal Cuauhtémoc Blanco, la atención de la prensa fue compartida entre la impunidad que cubrió al ex gobernador de Morelos por cortesía de sus correligionarios morenistas y aliados, y el comportamiento de las legisladoras con “A”, dispuestas a ser escudo protector del presunto implicado al grado de lanzarle vítores desde la más alta tribuna de la nación.
Sin duda, los gritos de las voces femeninas de ¡no estás solo! a favor de Blanco, retumbaron hasta los oídos no solo de colectivos feministas, de organizaciones que han pugnado por los derechos políticos de las mujeres, sino, hasta los de las miles de mujeres víctimas de alguna agresión física o sexual que han acudido a un ministerio público, ahora Fiscalía, a interponer su denuncia, y sin la menor duda, a los oídos de aquellas que por temor y desconfianza en las instituciones de administración de justicia se mantienen en el anonimato.
Estos hechos sin más, confunden, en el menor de los casos, a la ciudadanía que no ve diferencia en el actuar de políticos hombres y mujeres. Por otro lado, cabe cuestionarnos ¿si la creación de leyes y modificaciones al marco normativo para alcanzar la igualdad de género en los cargos de elección popular, y para transformar significativamente las estructuras del poder formal en el país, incluida la presidencia de la república, también cambian las mentes, la ética y la moral de las mujeres que aspiran ingresar al servicio público ya sea al poder ejecutivo, legislativo o judicial?
Mientras tanto, políticos hombres, cual si de un espectáculo se tratase lo ocurrido en la sesión del martes 25 de marzo en la Cámara de Diputados, observaban con morbo y sorna que la “sororidad” es un término que solo existe en el diccionario y, que por su extravagancia, inaplicable en la vida cotidiana. Incluso, ese día, en que se conmemoraba el Día Naranja (fecha para visibilizar la violencia contra las mujeres), el diputado Ricardo Monreal calificó a las 22 diputadas de su partido que votaron en contra del dictamen que rechazaba el desafuero de Cuauhtémoc Blanco como “heroínas temporales”, omitiendo que también hubo 3 diputados morenistas “héroes temporales”.
Elección judicial
A pesar del nublado panorama, en el proceso inédito de la elección de jueces y magistrados cuyas campañas iniciaron este domingo 29 y que culminarán el próximo 28 de mayo, tres días previos al 1 de junio, día de la jornada electoral, debe persistir la defensa del tema de igualdad de género en el poder judicial. Los problemas inherentes a las mujeres deben ser comprendidos y atendidos por juzgadores y juzgadoras capacitados al respecto.
A propósito, una candidata se acercó a esta servidora para exponerme su proyecto de trabajo; se trata de la Maestra en Derecho Sandra Paulina Delgado Robledo, aspirante a Magistrada en Materia Administrativa en el primer Circuito (Ciudad de México). Ella tiene la convicción de acercarse al ciudadano, de escucharlo y recoger su sentir para mejorar el sistema judicial y con ello, mejorar nuestra sociedad contemporánea. Pueden encontrarla en sus redes sociales: Insta @sandrapaulinadelgador y Facebook Paulina Delgado.
La ley sí es la ley.
LEY GENERAL DE ACCESO DE LAS MUJERES A UNA VIDA LIBRE DE VIOLENCIA
Artículo 5, fracción IX. Perspectiva de Género: Es una visión científica, analítica y política sobre las mujeres y los hombres. Se propone eliminar las causas de la opresión de género como la desigualdad, la injusticia y la jerarquización de las personas basada en el género. Promueve la igualdad entre los géneros a través de la equidad, el adelanto y el bienestar de las mujeres; contribuye a construir una sociedad en donde las mujeres y los hombres tengan el mismo valor, la igualdad de derechos y oportunidades para acceder a los recursos económicos y a la representación política y social en los ámbitos de toma de decisiones.

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