Para el gobierno mexicano, las acusaciones de narcotráfico en contra del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha, quedarán en politiquería mientras Estados Unidos no presente pruebas “serias y contundentes” del caso.
Como se esperaba, la 4T voló en escuadrón contra la solicitud de extradición del góber, y prefirió exponer al movimiento, en lugar de sacrificar un peón para salvar a su reina.
Los guindas dudan de la existencia de pruebas, a pesar de que si alguien puede tenerlas es precisamente el gobierno de Donald Trump, que desde hace meses hospeda en sus celdas a El Mayo Zambada, El Chapo, Los Chapitos, El Mini Lic y los 92 extraditados por México.
¿En serio alguien puede dudar que los gringos carezcan de material fílmico, registros bancarios, propiedades y declaraciones de infinidad de testigos protegidos, que en Morena avalaron cuando fueron utilizados para condenar en aquel país a Genaro García Luna?
¿A poco creen que los grupos criminales iban a entregar la lana sin quedarse con pruebas de su colaboración, a fin de garantizar la lealtad del presidente, de los futuros gobernadores, alcaldes y legisladores?
Siempre se dijo que los hijos de El Chapo Guzmán tenían filmados a los enviados de Andrés Manuel López Obrador a reuniones donde se pactó el apoyo a su campaña, y que por eso su gobierno los protegió y les endilgó abrazos, en lugar de balazos.
Por eso, al acusar a Estados Unidos de estar haciendo politiquería contra México, lo único que logrará la 4T es provocar la ira de los vecinos. Si no le bajan una rayita, lo de Rocha Moya será un juego de niños en comparación con todo lo que se les vendrá encima.
Lo mejor sería dejar que Rocha Moya enfrente un proceso judicial, y si en verdad creen que no hay pruebas sólidas en su contra, pues entonces no tienen de qué preocuparse. Ahí está el caso del general Salvador Cienfuegos, apresado en EU y liberado por el mismo Trump.
En una de ésas le apuestan a ganar tiempo y esperar a que en noviembre le vaya mal en las elecciones intermedias de Estados Unidos, y con ello pierda fuerza. Pero si les falla, la 4T empezará a caer como castillo de naipes.
Otro punto a analizar es el papel que juega el expresidente Enrique Peña Nieto, quien pactó con López Obrador la entrega del gobierno a cambio de impunidad.
El mexiquense ayudó al tabasqueño, primero porque el candidato priista, Pepe Meade, no tenía ningún chance, y segundo porque el panista Ricardo Anaya lo había amenazado con meterlo a la cárcel si ganaba.
Pero si Peña Nieto tenía al Ejército y al CISEN, y ayudó a López Obrador, ni modo que los órganos de inteligencia del Estado no le proporcionaran información sensible de los andares del morenista con sus financieros; ese material era su seguro de vida.
Y seguramente lo mantiene a buen recaudo, por eso ni a él ni a su equipo los tocan.
Por otra parte, quizá Morena debería hacer una de esas encuestas que tanto les gustan, y preguntar a los mexicanos si están de acuerdo en arriesgar la relación con nuestro principal socio comercial, o entregar a un presunto narcogobernador para que sea juzgado.
Porque a nadie le gustaría que se usara la bandera de la soberanía para tapar la impunidad.
CENTAVITOS
Morena debería quitarle ya el micrófono a Arturo Ávila, pues cada que abre la boca, el Cero votos riega el tepache. Ayer declaró que no se podía creer al fiscal del caso Rocha Moya porque es cercano a Trump. Como si Ernestina fuera la fiscal más independiente del planeta.

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