Militarización, adjetivo reiterado en el debate público y en la agenda política

Militarización, adjetivo reiterado en el debate público y en la agenda política

23 de septiembre de 2022 4 Por María Manuela de la Rosa Aguilar

Primera parte

La Historia del Siglo XX nos ha dejado sin duda una temida resaca de la intervención militar en la vida de las naciones. Ahí está el caso más patente que ha estigmatizado el uso de las fuerzas armadas, el nacismo; pero también tenemos las dictaduras militares de América Latina, en donde la sociedad pasó de ser una población en pleno uso de sus libertades, a la de temer incluso por su vida al menor indicio del ejercicio de sus derechos civiles.

Esas experiencias de sucesos escritos con sangre constituyen, con mucha razón, uno de los grandes temores de nuestra actual sociedad.  Lo hemos visto también en los regímenes totalitarios que enarbolan la bandera del socialismo y nada más alejado de un verdadero proyecto social de nación, pues la libertad, el bien más preciado de una sociedad, es la mutilaciòn más grande que se da y los hechos claramente nos lo confirman.

En las últimas décadas, en México, la creciente participaciòn de las fuerzas armadas en tareas ajenas a sus misiones primigenias, ha causado la natural suspicacia de un posible golpe de Estado; pero además, ha generado entre la clase política el recelo de una pérdida de control sobre el poder, lo cual ha sido motivo de continuos debates entre las diversas corrientes, tanto del gobierno como de la oposición, aunque el reconocimiento a la institucionalidad no se cuestiona.

Narcotráfico

La primera salida de los cuarteles fue con motivo del comnate al narcotráfico, que si bien se dio desde los años sesenta, fue a partir de 1977 cuando se estableció la Fuerza de Tarea Cóndor, con su cuartel general en Badiraguato, Sinaloa, centro del llamado triángulo dorado, que abarca los estados de Sinaloa, Chihuahua y Durango, y aunque este delito es federal y atenta contra la salud pública, las instancias de procuraciòn de justicia se han visto rebasadas, sobre todo por las deficiencias de la policía, y dada la gravedad del problema, tuvo que emplearse al Ejército para el combate al narcotráfico, gracias a lo cual este problema relativamente logró mantenerse bajo cierto control, sin que se expandiera.

Luego de la Fuerza de Tarea Cóndor se instituyó la Fuerza de Tarea Marte, y no obstante que la incautación de drogas y detenidos fue en aumento, con operativos espectaculares de decomisos de grandes cantidades de droga, el tráfico hasta la fecha no ha cesado, incluso ha aumetado y los cárteles se han multiplicado, por lo que se ha responsabilizado al Ejército, que aparentemente ha sido rebasado.

Acciones de gobierno

La administración pública por décadas se ha apoyado de las fuerzas armadas para la realización de muy diversas actividades, el sector salud en las campañas de vacunación, en estudios sociosanitarios, pláticas de orientación para la salud, etc., muchas de las cuales las han desarrollado en las campañas de labor social que se han materializado a lo largo de más de medio siglo en las zonas más alejadas e inaccesibles del país.

El sector educativo a través del sistema de educación para adultos, en donde el Ejército ha tenido una participación muy protagónica, aprovechando su estructura y el despliegie a lo largo y ancho del país.

En el ámbito  agropecuario y rural con las campañas contra el gusano barrenador y otras acciones para el cuidado de la produccciòn agrícola y ganadera, así como el combate a diversas plagas, como la abeja africana, el mosquito transmisor del dengue, etc.

La reforestación  también, que es una de las actividades que más ha desarrollado el ejército en apoyo a otras dependencias del ejecutivo federal, o el combate a incendios forestales.

Por otro lado está el Plan DN-III-E, que se  activa durante los desastres naturales, pues en cualquier momento y lugar que ocurran, ahí siempre estarán los soldados. Aunque está la instancia que encabeza estas acciones y cuenta con los recursos para ello, dependiente de la Secretaría de Gobernación.

Curiosamente en los sismos de 1985, a unos minutos de esta tragedia, el entonces Secretario de la Defensa activó de inmediato el Plan con equipos médicos, de rescate,  zapadores, etc., supervisando personalmente las zonas de desastre en un helicóptero para actuar de inmediato en auxilio de la población; estableciendo además un COMPLAN (Comité de Planeación) con todo el Estado Mayor en pleno para coordinar las operaciones.

Sin embargo, los intereses políticos prevalecieron y el regente de la ciudad del momento, que aspiraba a ser candidato presidencial, objetó la oportuna intervención del general secretario, so pretexto de que el ruido del helicóptero generaría mayores derrumbes. El presidente se dejó convencer y la ayuda se suspendió, y durante una semana reinó el caos, hasta que la incompetencia del regente obligó a que el Ejército organizara la ayuda, bajo la apariencia de que el titular del gobierno capitalino estaba al frente. Pero así es la política. 

Y así como estas actividades, otras muy diversas que realizan las fuerzas armadas, aunque no son de su competencia y en ello emplean sus propios recursos. Sin embargo, poco se habla de ello, puesto que se da como algo ya dado, sin que se haya planteado el porqué las dependencias responsables se mantienen al margen, aunque sí utilizan estos logros para sus spots institucionales. Sólo si algo no resulta, los militares son los primeros señalados. Y en tanto, las fuerzas armadas trabajan calladamente sin alardear.

Seguridad pública

Debido principalmente al incremento de las actividades de los cárteles, así como de la multiplicación de los grupos delictivos, en virtud de la gran corrupción e impunidad que ha caracterizado a México en las útimas décadas, siendo ya estigmatizado en el exterior como uno de los países más inseguros, corruptos y con mayor impunidad.

Y como ha sido la fórmula preferida de las decisiones políticas, se manda al Ejército a apagar el fuego, en vista de que la inseguridad en México llegó a niveles nunca antes vistos, con cientos de muertos diariamente, rebasando toda capacidad policiaca, ya que además estas corporaciones han sido consideradas como las más incapaces y corruptas, debido a problemas multifactoriales, entre ellos la falta de capacitación, salarios miserables y la falta de profesionalización, principalmente. Pues se acude al favorito de las soluciones inmediatas: el Ejército, con un alto nivel de profesionalizacion, con disciplina y precedido por su efectividad en divertsas labores y un pestigio que ha costado más de cuarenta años, después de los acontecimientos del 68 en Tlatelolco.

Sin embargo, nunca se consideró que la formación policiaca en una profesión totalmente diferente a la formaciòn militar, que es para la guerra, en donde no hay que tomar decisiones en situaciones de crisis, sino cumplir objetivos precisos y a órdenes superiores. En tanto que la policía debe tener un amplio conocimiento de las leyes y procedimientos para actuar en supuestos muy variados casos y valorando las múltiples situaciones a las que debe enfrentarse. Y un curso básico de inducción no es suficiente. Porque además, no hay tiempo cuando se empeña una fuerza ajena a la naturaleza del caso de manera emergente.

Al empeñar prácticamente a la mayor cantidad de efectivos militares en labores de seguridad pública, se ha descuidado también el adiestramiento militar y su trabajo fundamental, pues es materialmente imposible que los militares cumplan, además de sus misiones, funciones fuera de su ámbito de competencia. Si ya se han dedicado por décadas a labores responsabilidad de otros sectores, ahora, asignados a tareas de seguridad pública, rebasan humanamente sus capacidades. Aprendices de todo y maestros de nada.

Continuará…

María Manuela de la Rosa Aguilar
María Manuela de la Rosa Aguilar

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